27 marzo 2008

 
Hola a todos,

ayer fue un día -sobre todo el final- de lo más curiosete. Todo empezó cuando llegué a la piscina, iba tarde y entré el último. Así que cuando llegué no sabía quién era quién porque yo, sin gafas, no veo una fea ni de cerca. ¡Ah, la vista! No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, como aquél que perdió los 160 euros que me encontré en septiembre... Así que vi a una chica, que me miraba sonriente y con unos tonos rosas en el bañador y pensé: es María -mi compañera-. Y me puse a hablar con ella.

Le conté una historia de cinco minutos por lo menos y, cuando termino, me dice la chica: "Creo que te has equivocado de chica. Te he escuchado porque también me llamo María y creía al principio que te referías a mí..."
Yo todavía no sabía de que me hablaba porque no la distinguía bien, pero resulta que era otra María. ¡Cosas! Menos mal que no le comenté nada imprudente. Aunque tratándose de mí lo más imprudente es ir sin gafas a los sitios...

Al salir de la piscina, camino de casa, me encontré con una situación extraña: dos hombres con un palo largo al lado de otro que estaba en el suelo como muerto, y una señora gritando desde una ventana: ¡mi marido! No me quedé a averiguar lo que pasaba porque los tíos parecían chungos, así que me fui y llamé a la policía, que me dijo que llamara a la policía. Es decir, llamé a mi hermano el policía y me dijo que llamara al 091. En el 091 no me cogieron el teléfono por dos veces, así que llamé al 112. Mañana sabremos en los periódicos si era un cadáver, un borracho o un travestido.

Y nada más, esto es por animaros un rato y asustaros otro poco. Sigo estudiando, que el examen será a finales de abril. Ya han salido las listas provisionales. Me han admitido así que no tengo que corregir nada. Esto me recuerda a algunas mujeres, admiten a cualquiera siempre que pague antes. Aunque tienen tan mala baba estos de la Junta que cuando salgan las listas definitivas seguro que me excluyen, y ya no podré reclamar... Lo cierto es que se ha apuntado un buen puñado de gente. Seguro que hay un par de miles que habrían de ser excluidos por incompatibilidad manifiesta, ya que no podrían aparecer en ninguna lista siéndolo ellos tan poco.

Besos, abrazos y mordiscos

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13 marzo 2008

 

Hombre antiguo acaudalado

¡Hola a todos!

Últimamente ando mucho por la biblioteca, y una amiga hizo que me fijara en lo poco agraciadas que son las bibliotecarias. ¿Casualidad? Yo creo que no. Está bastante claro que es un método de selección muy pensado para que el rendimiento de los usuarios de la biblioteca sea máximo y no se distraigan con otras cosas. Así se lo hice ver:

Para que haya un usuario concentrado
en todo aquello que lea,
es principio demostrado
que la bibliotecaria ha de ser fea.

Hablando de otro tema, la señora extranjera que lleva el cyber en el que trasteo algunas veces recuerda el nombre de mi contraseña de memoria. Eso me dio miedo, sobre todo cuando yo se lo había dicho sólo una vez. Empecé a sentirme perseguido y, como soy más realista que paranoico, entendí que si ella se sentía atraído por mí hasta el punto de memorizar mi nombre imaginario, no era que yo le gustase -cosa que por probabilidad estadística, la descartamos, como la victoria del PP-, era que me quería matar o algo peor.

Al final me dijo que era porque se parecía a una palabra de su idioma que significaba "hombre antiguo acaudalado" o algo así. ¿No es curioso? Yo siempre he querido ser eso, por lo menos lo segundo -acaudalado-. ¡Lástima que me haya quedado en lo primero -antiguo-!

Esto me recuerda a un refrán que dice con frecuencia un amigo mío: "40 años, soltero y no eres rico, ¡arre borrico!".

En fin, que ningún hombre está por encima del bien y del mal, más bien andamos todos entre medias de uno y otro. Y así es mejor no tener nada, para que nunca pueda faltar nada.

Y como se me acaban las tonterías y empiezo a ponerme filosófico será mejor que me deje de rodeos y os cuente la verdad de este email: ha ganado ZP las elecciones. No se me ocurre qué decir al respecto. Estoy como flotando, como si me diera igual. Si España quiere a ZP, está claro que España no se merece otra cosa. Pero muchos españoles sí se merecen algo mejor.

Nunca me ha gustado decir que son los ignorantes, los incultos los que votan al PSOE. No estoy de acuerdo. Yo creo en la responsabilidad individual de las personas en todos los aspectos de la vida, y creo en la conciencia. Y no me creo que haya tantos millones de engañados, de tontos. Habrá más bien muchos que estén convencidos de la bondad del PSOE porque es lo que ellos quieren y coincide con su idea de bondad, y muchos otros que son malos, que quieren el mal porque les parece más cómodo. Y tienen razón. El mal siempre es más llamativo que el bien. El bien siempre es algo penoso, que cuesta, que exige esfuerzo y negarse muchas veces a uno mismo. Pero al final merece la pena. El PSOE ha salido otra vez porque hay muchas personas que no creen que merezca la pena ese esfuerzo y a esos yo no los llamo tontos, o pobres ignorantes, o incultos. Los llamo malos, enemigos casi de la patria porque son incapaces de hacer un pequeño acto de autocrítica. Y no quiero decir que el PP sea el Bien... Pero es lo único que le ronda cerca.

En fin, que os animo a que seáis responsables en todos vuestros actos, aun cuando nadie os vea o aunque os parezca que, con esa tontería que váis a hacer, no se hace daño a nadie. Poco a poco, actuando en conciencia, se irán cambiando las cosas desde abajo porque desde arriba nunca ha cambiado nada.
Pediros disculpas porque no aparezco mucho por el blog ya que estoy a punto de examinarme -aunque llevo tantos años a punto de examinarme que parece que es mi estado normal-. Y nada más: besos, saludos, abrazos y responsos por la Patria.

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02 febrero 2008

 

Simplemente Woody


Hola a todos, tan cerca de las oposiciones, y yo tan distraído...

Ya varias personas me han dicho que guardo cierto parecido cómico con Woody Allen. No sé si serán mis gafas, mi sentido del humor o mi autoflagelación constante... Lo cierto es que la tendencia que tengo a meterme conmigo mismo se debe a que antes lo hacía con los demás, y resulta que los demás, por algún extraño motivo, acababan ofendiéndose.

No sé que habrá de cierto en que me parezca a Woody, quizá ambos tengamos la misma inseguridad a la hora de acercarnos a las mujeres -y es que, gracias a la cirugía, hoy día uno nunca puede estar completamente seguro de que aquello sea una mujer-. A modo de ejemplo valga esta conversación que tuve en la biblioteca con una compañera, llamémosla M. Yo seré W. Y aunque "M" y "W" sean las iniciales en inglés de hombre y mujer respectivamente, en este caso W seré yo, el hombre -con un poco de imaginación me podréis ver como tal; si no, podéis intentar visualizarme con barba...-:

M: ¡Mira W! La guapa está sentada detrás tuya. ¡Dile algo ya! A este paso acabará el siglo y se lo terminarás diciendo a su nieta -la guapa es una chica que estudia en la biblioteca tremendamente hermosa, las malas lenguas dicen que hizo de modelo, y que me saca dos cabezas; si alguna vez se ha fijado en mí yo nunca me he dado cuenta de ello...

W: Pues como la nieta esté tan bien como lo está la abuela ahora me espera una vejez de lo más feliz... Así que me acerco a ella y le pregunto: "Hola, ¿estudias o trabajas? No, no me lo digas todavía. Déjame adivinar: en la biblioteca todos los días, un libro de oposiciones... Tú estudias, ¿a que sí?"

M: No, tonto, pídele algo, un lápiz por ejemplo.

W: ¿Un lápiz? Así que le diré: "Perdona, ¿tienes un lápiz?" Y si me dice que sí le pediré que me lo preste. Si me dice que no, le diré: "¡Uy! Pues yo tengo cinco por lo menos. Venga te doy uno..." Y si me dice otra cosa, ¡malo! Me bloquearé y me quedaré sin saber qué contestar. Espera, que voy a escribir todo esto que si no luego se me olvida...

M: ¡Qué tonto eres! Así no vas a conseguir nunca nada.

W: ¿Y qué quieres? Yo soy un ser balbuciente. Un "hola" tímido lo echaría todo a perder; mejor sería atacar de frente, mostrando seguridad, simpatía, aplomo. Así que voy a esperar a ver si encuentro antes esas tres cosas, que no sé dónde las he puesto. Puede que la seguridad y la simpatía las tenga en la mochila, porque en los bolsillos, por mucho que me mire, no hay nada. Pero el aplomo, ¡imposible! Siempre me lo dejo en casa, delante del espejo.

Pero no creáis que voy a la biblio a fijarme en las chicas que por allí andan. Mi verdadero objetivo es que sean ellas las que se fijen en mí, pero he acabado rindiéndome. En fin, que paséis buen fin de semana y nada más. Besos, sonrisas forzadas, abrazos y pellizcos.

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23 enero 2008

 

Se hizo hombre

Una reflexión de Chesterton en "La incredulidad del padre Brown" que me recuerda a aquella frase, que dice más o menos: la gente que deja de creer en Dios acaba creyendo cualquier cosa.

La gente no vacila en tragarse cualquier opinión no comprobada sobre esto, aquello o lo de más allá. Ahora el arraigado escepticismo y racionalismo de la época, se echa encima como un mar y lleva el nombre de superstición. Es el primer paso con que se tropieza cuando no se cree en Dios: se pierde el sentido común y se dejan de ver las cosas como son en realidad. Cualquier cosa que opine el menos autorizado, afirmando su sentido profundo, se propaga indefinidamente como la perspectiva de una pesadilla. Un perro resulta una predicción, un gato un misterio, un cerdo una mascota, un bicho una insignia, resucitando con ello toda la ménagerie del politeísmo egipcio y de la antigua India: el perro Annubis, el gran ojiverde Pasht, y las sagradas y mugidoras vacas de Bashan; hasta caer en los dioses cuadrúpedos de los primitivos, comprendiendo elefantes, serpientes y cocodrilos; y todo ello por temor a tres palabras: "Se hizo hombre".

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18 enero 2008

 

Un pirata en calzoncillos


Si hay algo que no me han dicho jamás las mujeres es: "Rictus, eres mi amante". No, alguna hay que me ha dicho que soy su héroe, eso sí, de manera temporal, ya se sabe que como héroe no duraría mucho, a la mínima me daría de baja en el Régimen Especial de Héroes y Fantoches de la Seguridad Social.

Y si soy su héroe -que yo creo que se refería más a su santo patrón- es porque mañana se examina la pobre de su oposición y se acuerda de mí, aún estudiando sin caer en la desesperación -si no contamos, claro está, los cinco intentos de suicidio por borrachera comatosa- y manteniendo buen humor. Pero no os dejéis engañar, que yo soy todo fachada. Si no caí en la desesperanza tampoco lo hice en la Esperanza, que bien que me dio calabazas...

Y ahora a punto de convocar mi oposición, los nervios empiezan a medrar entre mis compañeros -¡hola compañeros!-, que son casi todos del género contrario... Es decir, del opuesto al mío -mujeres, por si alguno duda de mi género-, no que ellos me hagan la contra. Dios quiera que todos saquemos plaza, pero no la misma...

A partir de ahora nada de nervios. Cabeza fría y culo caliente -por eso de estar todo el día sentado, claro-. Para lo segundo yo tengo mi truquito: unos gayumbos de pirata. Los compré el otro día, calzoncillos con motivos piratas de tibias y calaveras -skulls&bones-. Cuando me los puse esta mañana me sentía como un pirata: intrépido, aventurero, sin ley, codicioso, bebedor, mujeriego, asesino, traidor... La gente me miraba con temor, y volvía a producir entre las féminas el mismo efecto que antaño: ¡huían despavoridas! Alguna valiente me daba detrás con el bolso...

Como comprenderéis al volver a casa lo primero que hice fue cambiarme los calzones, porque si hay algo que no tengo es alma de pirata -ni culo de marica, por muy rojo y caliente que me lo dejara el golpe que ahí me dieron-.

Así que ánimo a todos, que no hay que agobiarse, sino estudiar ese puntito más que nos habíamos reservado para cúando saliera la convocatoria, o eso espero. De aquí comprenderéis porque no me paseo como antes, que ya lo hacía poco, por otros blogs, y por qué apenas actualizo el mío.

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20 diciembre 2007

 

Mujer Florero

Os pego aquí un artículo que me ha parecido interesante publicado por Javier Nubiola en la Gaceta de los Negocios el 13 de agosto de 2005:



"No quiero ser mujer florero

Al advertir en estos primeros días del verano el empeño de todas las mujeres por estar superatractivas, acudía a mi memoria aquella canción que comienza con un "de mayor quiero ser mujer florero, metidita en casita yo te espero, las zapatillas de cuadros preparadas, todo limpio y muy bien hecha la cama". Venía a mi cabeza también la consideración de cómo décadas de lucha por la liberación de la mujer han traído, en muchos casos y en no pocos ámbitos, una esclavización de muchas mujeres, que viven en una total dependencia de la mirada de los demás. En la canción de Ella baila sola se caricaturizaba aquel anticuado "ideal femenino" -si es que alguna vez existió- en el que la mujer aspiraba sólo a ser un complemento del varón de quien recibía su identidad: "yo aquí siempre te espero porque yo sin ti es que no soy nada", seguía la letra. Afortunadamente ya no hay nadie que piense así, pero me parece, en cambio, que la cultura epidérmica de la publicidad y el glamour nos está reduciendo a la condición de floreros tanto a ellas como a ellos.


Se dice que el problema de muchas mujeres de hoy es que quieren ser de película, que quieren ser realmente mujeres florero. "Durante todos estos siglos -escribía en 1928 Virginia Woolf-, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar la silueta del varón al doble de su tamaño natural". Ahora aquel sometimiento histórico de la mujer al varón como espejo en el que éste se miraba está siendo reemplazado por la aspiración a ser objeto que atraiga la mirada y el deseo de los demás. Ser florero es convertirse en un objeto decorativo -puesto a menudo para rellenar un hueco- que alcanza su plenitud cuando logra llamar la atención. El cambio de espejo a florero no altera la cosificación de la mujer, quizás incluso la torna más humillante, pues a menudo se trata de una objetualización voluntariamente buscada. Cuántas mujeres hoy en día salen a la calle vestidas llamativamente para ser objeto del deseo de quienes las ven.


La exhibición es el recurso infalible, que nunca pasa de moda, para llamar la atención. Realmente no es fácil entender las modas que llevan a exhibir el ombligo o la ropa interior, ni tampoco es posible predecir qué va a pasar a este respecto en los próximos años. Lo que sabemos es que esa moda tal como ha venido desaparecerá, de la misma manera que los zapatos de mujer pasan de puntiagudos a cuadrados cíclicamente. Leí ayer que Cristina Onassis jamás volvía a ponerse un mismo vestido por segunda vez, así que cuando uno le gustaba mucho, se compraba dos. A quienes nos gusta llevar ropa cómoda por muy usada nos horroriza un comportamiento así y nos sentimos felices de no tener que atenernos a esa dictadura consumista.


Pero el exhibicionismo es algo más profundo y radical que una moda. Hace algunos años una espigada estudiante que llevaba un palmo de vientre al aire me explicó que vestía así porque era su manera de gritar que necesitaba que la quisieran. Me impresionó aquella explicación porque acierta derechamente en un registro muy hondo de los seres humanos. Lo que queremos por encima de todo es que nos quieran y estamos dispuestos a hacer lo que sea para conseguirlo. Buena parte del atractivo de la moda es el señuelo de que si vistes de esa manera llamarás la atención, gustarás a los demás que se sentirán atraídos por ti y te querrán. Y tiene parte de razón este tipo de argumento, pero desconoce que los seres humanos no queremos a los cuerpos, sino a las personas. Las personas se expresan en su corporalidad y en su manera de vestir, pero son muchísimo más interesantes y amables que su atuendo.


Otra alumna, comentando en su examen de junio aquello que Machado pone en boca del maestro Juan de Mairena: "Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción", me hacía caer en la cuenta de que los seres humanos sólo podemos vernos de cuerpo entero en un espejo y quizá por eso tendemos a pensar que la imagen en el espejo -que es siempre una imagen, una ficción- es la verdad acerca de nosotros mismos. "La ficción -explicaba Laura en su comentario- nos esclaviza hasta hacernos creer que no somos libres. La ficción, en su falsa belleza, nos encoge y nos impide ver más allá de lo que ella misma representa. Hay belleza en la ficción, pero no es más que una apariencia, un sueño. La verdad es luz que esclarece y muestra la autenticidad de lo que somos. La ficción atrae, pero la verdad libera. La verdad nos da vida y si queremos encontrarnos en nosotros mismos y no sólo como mero reflejo en el espejo, es necesario que creamos en su fuerza y en el poder que imprime en nuestras vidas". Efectivamente, las imágenes reflejadas en los espejos son capaces de esclavizar hasta la anorexia cuando son tomadas como la verdad acerca de nosotros mismos.


Pero, por otra parte, cuántas veces las mujeres de película, las mujeres de ficción, impiden que los hombres atendamos a las mujeres reales a nuestro lado, esposas, colegas, madres, hijas, hermanas. Ayer un profesor universitario me enviaba desde Italia un patético chiste de Glasbergen en el que aparece una mujer en la perfumería pidiendo algún perfume que huela a computadora para recuperar así la atención de su esposo. En los procesos de divorcio -al menos en los Estados Unidos- ha comenzado a figurar de manera creciente como motivo de la separación el consumo de pornografía on line por parte del marido. La esposa real no es capaz de competir con las mujeres de ficción ni con las prestaciones sexuales que éstas ofrecen a través de Internet. Es una realidad sórdida y penosa, pero probablemente nos encontramos ante un círculo perverso y deshumanizador de las relaciones entre varones y mujeres que adoptan formas cuasi-simétricas de pornografía y exhibicionismo


Pero, y ¿qué pasa con los hombres? La publicidad nos presenta paulatinamente una cierta androginización metrosexual de los iconos de moda masculina. También los hombres -sobre todo algunos jóvenes- quieren ser floreros. De la misma manera progresiva que crece el mercado de cosmética masculina (incluida la depilación), los chicos jóvenes se empeñan cuidadosamente en enseñarnos sus calzoncillos. Al verlos siempre pienso, como me decía aquella alumna, que lo que están gritando es que necesitan alguien que les quiera, que les escuche, que les comprenda. Se trata como siempre de un fenómeno ambivalente. Estoy convencido de que los hombres podemos y debemos cuidar más nuestra manera de presentarnos, de vestir y de comportarnos, podemos aprender mucho de las mujeres también en todo esto. Mejor dicho, va siendo hora de que superemos aquellos viejos estereotipos de rol que asignaban unas cualidades a las mujeres y otras a los varones, y nos decidamos a aprender unos de otros, a querernos unos a otros, a crear espacios comunicativos humanos en los que nadie necesite presentarse como un objeto para atraer la atención, en los que nadie se animalice exhibiéndose como cebo para atrapar al depredador, en los que realmente nadie quiera ser un florero. "

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15 diciembre 2007

 

Capitalismo

"El proyecto capitalista tiende a corromperse, ya que su teleología intenta el beneficio privado y a este fin subordina sus declaraciones insinceras sobre los valores humanos y el bien del hombre. Donde sean soberanos los intereses económicos se invalidan los derechos humanos si entran en colisión con este poder soberano. El economicismo abre la puerta al nihilismo.
Y esta es la terrible experiencia actual. El hombre, sin el suelo firme del ser, de la verdad sobre la que se afiance su inteligencia y sin los valores que fundamenten y vivifiquen su libertad, es sólo una sombra. Es el hombre light de la era del vacío lopovetskiana."

Luis Sánchez de Movellán en Razón Española

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