07 julio 2006

Elenita

Si hay algo que pueda ser mejor que ser cani en Sevilla es, quizá, ser pijo. Pero aunque se lo digas a Elenita, o Nita, ella nunca lo aceptará. El padre de Elenita trabaja en un Banco, así con mayúsculas. Se puede decir que su vida siempre ha estado ligada a un banco. Desde el pupitre del colegio al de la Facultad de Derecho donde pasó ocho años pero no pasó de primero. ¿Y por qué? Porque siempre estaba en el banco del parque, bebiendo y fumando, hasta que su padre, el abuelo de Elenita, que tenía un amigo en el Banco, lo metió allí cuando le llegó la edad de dejar de hacer nada. Iba de banco en banco como quien va de oca en oca sin pisar las casillas intermedias. Y todo hasta que un día acabe en otro banco, el de los acusados, por defraudarle todo lo que puede a Hacienda. Hasta los cafés que se toma por las mañanas los desgrava en no sé qué concepto imaginario.

En cambio la madre de Elenita, Elenita, siempre anda ocupada en algo. Es la que se encarga de que la casa esté limpia y en orden. Por eso mete las pelusillas que se encuentra debajo de la alfombra hasta el día de la limpieza mensual, que encomienda a los niños. Como dice la abuela: las cosas no son como son, sino como parecen. Y por eso la madre de Elenita, Elenita, nunca dice nada inconveniente, lo cual es una virtud. Aunque si te fijas tampoco dice nada conveniente porque cuando habla es como si no dijera nada, pero no para de hablar.

El hermano de Elenita, Jorge, es el ejemplo vivo de su padre y el orgullo de la familia: alto, guapo y con un bar siempre a mano derecha. Se las apaña para no salir de Pineda, aunque no sea socio. Y cuando no está allí tampoco está en la Facultad de Derecho, ni en la biblioteca; está en el bar, a mano derecha, metiendo la izquierda donde puede o le dejan. Y le dejan muchas. Es lo que se dice un tío con recursos, un vivo; hasta que alguien le dé por llamarlo un muerto y vea que no anda muy desencaminado.

Cuando Elenita nació hizo feliz a sus padres porque ya tenían la parejita y dejaron de tener. Y les hizo feliz en apariencia porque la niña aparentaba mucho, y eso prometía. Por eso los gastos de la niña siempre fueron superiores a los ingresos del padre, y es que eso de no pagar hipoteca y vivir de herencias da para mucha aparienciaSiempre sabía Elenita lo que era apropiado para cada ocasión. Se sabía de memoria cuándo pasaba una pulsera de moda o no. Y si no lo sabía tenía la suficiente personalidad para no ponérsela, por si acaso. También sabía que no se podían llevar tacones a la montaña, pero sí a montar a caballo, a una capea o al cortijo de las amigas, que aunque no estaba en la montaña estaba en la falda de la montaña, o debajo de ella, como Curro, el novio de Elenita, que siempre que puede trastea por allí. Y es que se da buena mano... con la guitarra. Anima todas las fiestas. No hay una fiesta sin Curro en Sevilla y alrededores.

Ahora, lo de la Iglesia lo tiene atravesado, porque Nita es muy piadosa y va los domingos a misa. Participa de lo lindo en la vida de la Iglesia, siempre la ves hablando con una o con otra hasta que le suena el móvil y cuando lo encuentra el que llamaba ya ha colgado. Pero el cura sonríe porque Elenita es muy aparente. Y Curro la espera fuera, por eso de no encontrarse ningún cura. Y todo porque un cura le dijo una vez que tenía que trabajar y Curro estuvo echando bilis por la boca dos días seguidos. Por eso tiene a la Iglesia atravesada, y al trabajo, como Jorge. Y no es que no trabaje, que cuando hace falta se mete a relaciones sociales de los pubs y las discos y no hay nadie como Curro. Además las copas son gratis y siempre hay algún amigo que se preste a llevar a Elenita a casa, o a donde se preste ella y hasta donde, y si se puede, un poquito más. Pero a Curro eso no le importa porque Elenita es muy aparente y, de todas formas, a esos litros de la noche él no daría la talla. Como bien saben las amigas de Elenita, que sí se quedan en el bar.

El peor día de Elenita fue cuando descubrió que el padre de su madre no era marqués como ella suponía, sino panadero. Pero su madre le dijo que no se preocupara por ello porque aunque fuera panadero, no lo parecía, y eso era lo que importaba. Desde ese día Elenita se hizo más consciente de su realidad y cuando iba a la playa se ponía bikinis cada vez más pequeños, hasta que dejó de notarse que llevaba bikini. Pero eso a Curro no le importaba... ni a los amigos de Curro. Y papi no la riñe, la mira como deseando que no fuera su hija. Y papi no anda del todo errado porque a veces los deseos son realidad sin que lo sepamos. Y es que Elenita ha salido a su madre.

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