11 julio 2006

Sinónimos y Quevedo

Quizá me recuerden de artículos anteriores como "Burro Moratones, ministro de exteriores", o "la ministra Trujillo, fantasía o misterio". En este caso voy a tratar de temas un poco más frívolos, menos políticos, aunque siempre la política está por medio. Ahora, y continuando con el ciclo de exposiciones respecto al problema homosexual (recuerden el opúsculo: "por detrás no, por favor") me voy a referir a la controvertida denominación de "gay".
Sé que al tratar estos temas se pueden herir susceptibilidades, por eso, siguiendo con el tono jocoso y alegre de los que no tenemos graves responsabilidades, únicamente entraré en la forma. Yo no entiendo qué significa esa palabra y, antes de que la Real Academia de la Lengua la incluyera en el diccionario (o eso me han dicho que ha hecho), lo más parecido a ese término que podíamos encontrar era la palabra guay. Así lo comentó mi querido hermano en un texto, hace tiempo. Y es que no hay por qué acudir a lenguas extranjeras para decir cosas tan claras como las decía Quevedo en su poema dedicado "a un italiano llamado Julio" (como aclaración previa decir que italiano, en la época de Quevedo, era casi lo mismito que marica. Y que marzo se refiere, en contraposición a abril lluvioso, al mes ventoso, en clara alusión a la incontinente flatulencia de los que practican la sodomía):

"Yace en aqueste llano
Julio el italiano
que a marzo parecía
en el volver de rabo cada día.
Tú que caminas la campaña rasa
cósete el culo, viandante, y pasa.

Murió el triste joven malogrado
de enfermedad de mula de alquileres,
(que es como decir que murió de cabalgado);
con palma le enterraron las mujeres.
Y si el caso se advierte,
como es hembra la muerte
celosa y ofendida
siempre a los putos deja corta vida.

Luego que le enterraron
del cuerpo corrompido
gusanos se criaron,
a él, tan perecidos,
que eran en varios montones
unos con otros bujarrones."

Así, remontándonos a mi hermano, que partió alguna vez de Quevedo, no podíamos dejar que la palabra gay ensombrara el rico léxico castellano y escribió su historia "gente Guay". Esto produjo que a su vez yo imitara a mi hermano que imitaba a Quevedo y escribí, con puro afán lexicográfico y vocabularista (no sé hasta qué punto me invento yo también las palabras), sin intención de ofender como aclaro en la primera estrofa, una pequeña composición poética en la que se recogían las distintas formas de decir marica, o maricón, en nuestro idioma, de las que Quevedo dejó algunas muestras:

"Es profuso y es muy culto
nuestro idioma al insultar,
pero yo no tiro al bulto
y olvidando el cruel insulto
sólo voy a calificar:

Yo te digo maricón
y con esto no te insulto,
tan solo es tu condición,
no hay que provocar tumulto.

Maricón es ahembrado,
que es lo mismo que bardaje;
no es ofensa afeminado
por lo que esos humos, baje.

No es agravio ni es ultraje
que homosexual te nombre,
sí cuando a tu espalda raje
y diga que no eres hombre:

que sí macho, no machote,
pero también invertido;
todo esto incluye el lote
hasta puto y divertido,

que la gracia del bufón
le sobra a aquel nefandario
que de niño era garzón,
ya de hombre extrafalario.

Herir sería llamarte
pederasta pervertido,
mas si se dice con arte
es halago confundido.

Así te apelen marica,
o tomante o bujarrón,
que nuestra lengua es muy rica
para decir maricón."

1 comentario:

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