28 agosto 2006

Anécdotas de Cánovas

Os dejo nueve anécdotas de don Antonio Cánovas del Castillo, un hombre muy inteligente y con gran agudeza, además de uno de los mejores gobernantes de los que España ha sido digna. De hecho, a su muerte, asesinado por el italiano anarquista Angiolillo, le llegó un telegrama a su viuda de Otto Von Bismark en el que le decía que él jamás se había inclinado ante nadie (y quién lo duda del canciller de hierro), pero cuando escuchaba el nombre de Cánovas del Castillo inclinaba la cabeza con profundo respeto. Espero que os gusten las anécdotas:

I. Un amigo le dijo en cierta ocasión a Cánovas:
- Fulano me molesta.
- Pues tenga cuidado, porque le es infiel -fue la respuesta de don Antonio.
- ¿Por qué dice usted eso?
- Muy sencillo, porque Fulano me molesta a mí también.

II. En una fiesta celebrada en una mansión aristocrática se hallaba en un grupo Romanones, enamorado de la hija de Alonso Martínez a la que cortejaba y que luego sería su esposa. En otro grupo estaba Cánovas con varios políticos y uno de éstos exclamó:
- Vean allí a Romanones conjugando el verno amar.
A lo que Cánovas respondió:
- Es verdad, pero se ha quedado en el futuro imperfecto.

III. Una vez Cánovas definió a los franceses: "Son unos españoles con dinero."

IV. Se hablaba de O'Donell delante de Cánovas, y uno de los reunidos afirmó:
- ¡Don Leopoldo fue verdaderamente un ídolo!
- Sí -contestó Cánovas-, un ídolo. Yo lo sé muy bien porque hablé muchas veces dentro de él.

V. Dimitió del casgo de subsecretario de la Presidencia Ángel Vallejo Miranda, siendo Presidente Cánovas. Algunos comentaban que dimitió por disentimientos con don Antonio y éste, es una reunión a la que asistían muchas damas comentó:
- ¡Haber hecho esto conmigo! ¡Qué ingrato! ¡Yo, que le guardé un secreto toda la vida!...
- ¿Qué secreto? -Preguntaron las señoras.
- Pues ¡que es tonto!

VI. En un baile dado en una embajada se acercaron a Cánovas unas señoras para hacerle una petición. La embajadora, que se hallaba con Cánovas, le comentó:
- Mucho le deben molestar las señoras con tanta petición.
- Señora -respondió Cánovas-, a mí no me molestan las señoras por lo que me piden, sino por lo que me niegan.

VII. Invitó una duquesa a Cánovas, ausente su esposo, a un banquete de gala. Al ir al comedor dio el brazo a la duquesa. Ya en él, señalándole el lugar destinado a su esposo, le dijo la duquesa:
- Esta noche, señor presidente, ocupará usted el puesto de mi esposo.
- ¿Hasta qué hora, duquesa? -Fue la rápida respuesta de Cánovas.

VIII. Haciendo referencia a la murmuración una dama le preguntaba si sabía él cómo evitar la calumnia de las gentes. Cánovas respondió:
- Hay uno muy sencillo: hacer cuanto nos atribuyen.

IX. Un alto funcionario que no se distinguía por su inteligencia y que abusaba demasiado de la lisonja solicitó a Cánovas un puesto con el solo objeto de servirle del modo más eficaz. Don Antonio le contestó:
- A mí me presta usted igual servicio en ese puesto que en cualquier otro.

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