05 agosto 2006

Dieciocho y Escandinavia

El otro día por la calle una gitana del barrio me repitió lo que siempre me dice cuando me ve:
- Guapo, dame argo pa'comé.
Y yo no soporto que me mientan, por eso nunca le doy nada (por eso y porque no tengo mucho que dar). Y no creáis que estoy presuponiendo que me miente. Lo sé a ciencia cierta. Para qué quiere el dinero no lo sé ni me importa. Pero si la señora empieza llamándome guapo ya sé que me está mintiendo pues salta a la vista que no lo soy.

Por eso que una chica me entre en la disco, cuando las únicas que me entran son las gitanas matronas, me causa estupor y me bloqueo. Así fue la situación:

CHICA: ¡Hola!
YO (pensando): ¡Me ha dicho hola! Debe pensar que soy alguien interesante, porque si no, no se comprende... Bueno, ¿qué le digo? ¿Qué le digo? Le diré también "hola", por no ser pretencioso... ¡No! "Hola" es muy obvio, tiene que ser algo original, algo espontáneo, algo como:
YO (hablando): Dieciocho.
CHICA: ¿Qué?
YO (pensando): ¡No ha funcionado! Si es que... Menuda chorrada dieciocho. Dieciocho es muy poco. Tiene que ser algo más, algo que le demuestre lo importante que soy yo...
YO (hablando): ¿Veinticuatro?
CHICA: Pero tío, qué dices.
YO (pensando): Claro, es que lo he dicho preguntándolo, y estas cosas hay que afirmarlas con voz firme y templada...
YO (hablando): Ejem. Digo que veinticuatro.
CHICA: ¿Qué has fumado? ¿Estás chalado o qué?
YO (pensando): Estás metiendo la pata una y otra vez y todavía no sabes ni cómo se llama la chica. Pero bueno, no está todo perdido, sigue ahí, ¿no? Tú la ves, no se ha ido, puedes verla y tocarla... Tócala ¡No! No la toques, que la vas a cagar más. Aún puedes arreglarlo. Pregúntale algo al uso, no te compliques. ¡Su nombre! Pregúntale su nombre.
YO (hablando): Perdón, decía: ¡Hola! ¿Cómo te llamas?
CHICA: ¡Ah! Esto ya es más normalito. Me llamo Escandinavia.

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