03 noviembre 2006

El Club de los Vilordos

Aquí os dejo el primer capítulo de una novela, en honor a Wodehouse, que creo que nunca terminaré. Ése soy yo, un hombre de primeros capítulos y de novenas impresiones. Espero que os guste, si es que hay alguien que tenga paciencia para leerlo entero.


Capítulo I.

Ésa mañana había ido temprano al club, nada más levantarme. El ambiente de mi casa se hacía cada vez más insoportable. Papá gritándome, mamá dirigiendo por toda la casa al servicio, el servicio ocupado por mi hermana... ¡Tuve que ir al del primer piso! En cuanto consiguiera los medios me independizaría. Papá no quería pagarme un piso porque me había negado a estudiar derecho, como él. ¡Yo iba a ser periodista! Eso a él le hacía tanta gracia como cuando nos visitaba la abuela Olga, la mamá de mamá.

Por eso decidí desayunar en el club. Serían cosa de las cuatro de la tarde cuando entré en el Círculo Cavernario. Si estoy de mal humor, como esa mañana (comprendan que me acabo de levantar) siempre desayuno en el Círculo Cavernario, las otras salas son demasiado alegres. Ésta gozaba de cálida chimenea rodeada de anchos sillones y pretenciosos sofás. Le pedí a Pipper, el camarero, un whisky sólo y unas pastas de té, mi desayuno favorito, y me fui a sentar cerca de la chimenea. Divisé entonces en uno de los sofás a Jeremías Mateo Balbo con la cabeza gacha y despeinada y decidí que un poco de compañía para empezar el día sería de lo más apropiado.

- ¡Qué pasa Jimmy! -que es como le llamábamos en el club.

- Naha...- me respondió.

- ¿Cómo andas, viejo bastardo?

- ¡Uff! -me animó a seguir preguntándo.

- ¿Qué tal tu prometida?

- ¡Boh!

La conversación estaba siendo más que fluida. Jimmy es así de simpático, cuando le da por hablar no para. Esa vez no estaba animado del todo, algo se le notaba. Pero se decidió pronto a contarme sus males, como acaban haciendo irremediablemente todos. Debo tener cara de confesionario; o peor, de psicólogo; o mortal, de amigo...

- Her, ¿me guardarías un secreto?

- ¡Cómo no! Ya sabes que yo soy el más indicado para guardar secretos. Además, como editor de la Gaceta de los ViLordOs no se me escapa ninguno. ¿De que se trata, viejo?

Jimmy no se mostró complacido del todo por mi respuesta, pero se animó a contarme el secreto. Eso sí, me hizo prometer primero:

- Prométeme que no lo publicarás al menos en la próxima edición.

- No sé, Jimmy. Ya sabes que como editor y periodista tengo obligación moral de contar todo lo que pasa por el club...

- O me lo prometes o no te lo cuento. Es más, me iré con el cuento a Bernardo, el editor de "Anuncios de Suciedad"... - la amenaza era evidente, mejor no contar una noticia a que la contara Bastardo, digo Bernardo.

- Prometido. Y ahora, ¿de qué se trata?

- ¡Ay! - Suspiró Jimmy compungidamente.

- Venga Jimmy, dime qué es, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. ¿Qué te aflige?

-¡Jo!

- ¿Qué te turba? ¿Qué te asusta? ¿Qué te espanta? Dímelo...- Jimmy cortó entonces mi vena poética.

- ¡Está bien! Calla ya. He roto mi compromiso con Herminia de Grande -dijo y agachó de nuevo la cabeza.

- ¡Hombre! Enhorabuena chico, ésa sí que hacía honor a su apellido. ¿Y cómo te has librado? En fin, no es que me importe pero el artículo que escribiré necesitará algunos detalles técnicos... ¿Hubo pelea? Una discusión por todo lo alto, o lo Grande, debería decir... Sí, sí, eso. Lo Grande. "Un Grande escándalo" lo titularé, ya estoy viendo el éxito...- mientras hablaba estaba tomando notas en la libreta que todo buen periodista debe llevar encima. Yo soy más partidario de que el secretario te acompañe a todas partes, pero parece que eso no se estila hoy. Y sería muy costoso. Lo digo para cuando viva sólo, no sé si papá querrá pagarme un secretario.

- No habrá tal artículo... -Dijo, y luego, como pensándoselo mejor, prosiguió: ¿Pero es que no te das cuenta, pedazo de burro? ¡Yo la amo!

Me quedé boquiabierto, literalmente con las mandíbulas y los labios separados dejando escapar un poquito la lengua. A duras penas evité que se saliera también la salivilla.

-Pero vamos, vamos, Jimmy. Si es del dominio público que esa chica no convenía a un miembro del Club de los ViLordOs. Está claro, su padre el general está forrado y eso está muy bien, pero ya se ha hablado hasta de restringirte la entrada una vez que te casaras...

- Cómo puedes estar tan ciego. ¡Qué me importa el club si ella es TODO para mí! - Dijo, dando un énfasis a la palabra "todo" que no sé si las mayúsculas habrán podido reflejar. Desde luego lo era, si no todo, casi.- ¿Qué voy a hacer ahora? Era mi última oportunidad de contraer un buen matrimonio. Mírame, 35 años, soltero y sin compromiso. ¡Soy la ruina de la familia!

- Pero Jimmy, ¿no has pensado que serías más ruinoso si te casaras con ella? Mira todo el dinero en bocadillos que te vas a ahorrar ahora. -No pareció darse cuenta de que le hablaba, porque no hizo mucho caso.

- Tú no lo entiendes, Hermenegildo.¿Qué me importa que sea grande? Es una De Grande, y yo no soy ningún adonis que pueda conquistar a cualquier jamelgo.

Tenía bastante razón. El pobre Jimmy no era de los más agraciados, pero tampoco es para tanto. Cualquier señorita distinguida estaría dispuesta a casarse con él siempre que le dejara libres los fines de semana, es la última moda en capitulaciones matrimoniales... Y continuando con las caballunas comparaciones le seguí un poquitín el juego, a ver si se mostraba más claro con lo que había sucedido.

- ¡Cualquier jaca distinguida estaría dispuesto a que tú la... le dieras de pastar, Jimmy! Sobre todo verdes pastos, si me entiendes. No seas tan duro contigo, ya lo son bastante las mujeres como para que tú... -Jimmy me miró con cara de asesino sanguinolento y me di cuenta que había metido un poquito la pata, hasta los corvejones y un poquito más arriba, donde rima. No era Jimmy un valle verde precisamente, más bien creo que era un vagabundo del árido desierto buscando un valle verde, y desde ese punto de vista Herminia era una inmensa pradera de verdes que gozaba de la aprobación de cualquiera.- Vale, de acuerdo, cuéntame cómo pasó todo, viejo amigo.

- En fin, no sé por donde empezar. Todo fue muy confuso. Estaba cenando en casa de Herminia y su hermano Luisito no paraba de darme la lata. Que si me tiraba migas de pan, luego me escupía, me pinchaba con alfileres los tobillos por debajo de la mesa... ¡Un infierno! Que se lleve el diablo a esa criatura.

- Sí, ya tuve un encuentro con ese niño. Sólo cabe la esperanza de que engorde como su hermana y se pase las horas muertas sentado en un sillón sin poder moverse. Es la maldad en persona. Vinieron a cenar a casa hace unos meses y rompió toda la vajilla buena de mamá. Eso no es que me importe, hasta la considero una buena acción, pero acabaron por echarle la culpa al mayordomo. Resulta que yo estaba persiguiéndole con un paraguas en la mano para hacerle ver que no pinchaba lo suficiente como para atravesarlo de parte a parte cuando...

- Perdona, Her, pero era yo el que estaba contando mi historia. No me interesan las tonterías que pasan en tu casa. Al menos no antes de contarte que una vez que retiraron la mesa pasamos al salón para comer el postre, y mi delicada Herminia había hecho una dulce tarta de nata, chocolate y fresa con pasas y nueces y guindas rojas y verdes. Tenía una pinta deliciosa. Los padres de Herminia no habían entrado aún en el salón por lo que aproveche para abrazarla.

- ¿Y pudiste? Digo, con el perímetro que tiene la chica sería difícil.

- Mira Her, no me gusta que hables así de ella. Es una persona de lo más sensible y podría ofenderse si te oyera.

- Pero no me oye.

- Pero yo sí, y se lo diré como sigas así.

- ¿Para qué se lo ibas a decir? ¿Para hacer sufrir más a la pobre? La ignorancia, Jimmy, es una flor delicada, tócala y se deshojará... -Y el temor a una Herminia ofendida y a un general defendiendo el honor de su hija es un temor que hace que nos retractemos de vez en cuando de algún comentario insidioso.

- ¡Está bien! Vete con tus monsergas estúpidas a otra parte y déjame ahogar sólo mis penas, ya que no estás dispuesto a escucharme.

- Venga, venga. Ya me callo. Sigue con tu historia, que promete.

- No, no te lo mereces. Eres un desgraciado.

Entonces Jimmy vio que de mi cartera, que por casualidad acababa de sacar del bolsillo, asomaban un par de verdes y se lo pensó mejor.

- ¿Me darás tú de pastar un poco si sigo con la historia?

Le alargué un machacante con ánimo de aplacar su hambre. Jimmy siempre estaba algo canino.

- Un poquito más, me duele el bolsillo desde que aposté por Tostón en las carreras de galgos. Lo de Tostón es por el color tostado del chucho, no te vayas a pensar...

Le solté el otro billete, ahora me encontraba moralmente autorizado por contar su historia en la gaceta, la había pagado.

- Está bien, si me lo pides con tanto ánimo te contaré como transcurrió el resto de la velada. Fue breve, la metedura de pata era inminente. Al tiempo que abrazaba a Herminia...

- Trabajo que te ha merecido un buen premio por ahora...-Interrumpí.

- Sí, bueno. Los asuntos del amor... Casi que los negocios del amor siempre tienen un lado positivo. Hay que saber buscarlo. Tú me conoces Her, siempre soy positivo con las mujeres.

- Hace un rato no lo hubiera creído, tan abatido como estabas. Pero continua, continua con la historia. No quiero echar a perder tan verdes pastos por culpa de tu positivismo.

- Si te callas y no interrumpes en un par de minutos tendrás todos los datos. Así que coge tu maldito lápiz y escucha. El caso es que la estaba abrazando y vi a Luisito justo detrás de Herminia, junto a la camarera, que estaba haciéndonos burlas y simulando besitos...

- Espera, espera. ¿Cuántos estábais en la habitación? Me ha parecido contar cuatro, pero no estaba seguro.

- Tres con Luisito.

- Entonces cuatro, tres y Luis igual a cuatro.

- No, merluzo, Luisito, Herminia y yo.

- ¿Y la camarera?

- ¿Qué camarera? Si serás burro... La camarera es el carrito ese con ruedas en el que se ponen las cosas y se lleva de la cocina al salón y viceversa.

Me quedé asombrado al escuchar tal definión de una camarera, pero preferí no alterarle más los ánimos. Entre unas cosas y otras pasaba del pesimismo a la euforia, y de allí quién sabe dónde... Al asesinato quizás. Personas tan volubles no está bien que se den entre los varones.

- ¿Y jugó un papel relevante la camarera? -Pregunté, con ánimo de suavizarle un poco.

- La camarera no jugó nada, por ahora, sólo tenía la tarta. Cállate y ecucha el resto de la historia. Pues estaba haciéndonos burlas y eso me indignó bastante. Tú lo comprenderás. No es agradable que te hagan burlas en un momento tan delicioso y a la vez tan inseguro. Así que decidí actuar. Me desembaracé de Herminia, cogí un trozo de tarta y se lo tiré al niño.

- ¿Y por eso rompiste tu compromiso? Yo diría que eres un héroe, y deberían haberte premiado por una actitud tan loable. Yo le daría un billete a cualquiera que diese un puntapie a Luisito cuando lo viera pasar.

- Bueno es que no sucedió como yo esperaba. Enseguida me di cuenta de que me había desembarazado demasiado bruscamente de Herminia. Esta había caído al suelo, y en su caída había derribado también a la camarera, la de verdad, que entraba en ese momento acompañando a los padres de Herminia. La camarera-mujer cayó obre la camarera-carrito de los postres con un fabuloso estruendo. En la chaqueta del padre vi el trozo de tarta que lancé al niño. Ecuché chillar histérica, con gran dolor para mis oídos y enorme pesar para mi autoestima, a la madre diciendo no sé qué de sacar a un loco. Mientras Luisito se moría de risa en un rincón del salón. Lo siguiente que recuerdo es al padre de Herminia acompañándome a la puerta y a ésta (Herminia, no la puerta), diciendo que no quería saber de mí en toda su vida.

- Bueno, después de todo tuviste suerte. El general podría haber adoptado una actitud un poco más severa que el de acompañarte a la puerta.

- Lo hizo. Me siguió afuera y empezó a atizarme con un bastón mientras intentaba huir. No lo hizo en casa por consideración a su hija, pensando quizá que todavía podría albergar algún gramo de cariño hacia mí. Pero sí que tuve suerte. Está mayor y se cansó pronto, así que llamó al mayordomo para que siguiera él. En ese momento tuve la suerte de coger un taxi al vuelo. Literalmente.

- ¡Jó, chico! Esto es más bueno de lo que podría esperarse. Cualquier velada de un joven con la familia de su novia no suele traer otra consecuencia que algún desafortunado bostezo durante la cena o un resbalón del filete mientras uno lo ataca frenético, pero lo tuyo es... ¡Grande!

- Déjate de memeces. Necesito ayuda. No sé qué hacer. Necesito recuperar a Herminia, decirle lo que pasó realmente.

- Ánimo. ¿No descubrió Colón América? ¿No circuncidó Elcano la Tierra?

- Circunvaló, querrás decir.

- Sí, eso precisamente.

- Tienes que ayudarme.

- ¿Yo? ¿Cómo? Ya sabes que Herminia no está en mi círculo de amistades, y menos su padre...

- Pero sí son amigos de tus padres. Tienes que ayudarme por favor.

El pesimismo y la angustia naturales en Jimmy empezaban a aflorar de nuevo. Algo me decía que me fuera corriendo de allí o me metería en algún lío. Pero no había terminado las pastas, ni el whisky. Y sin desayunar... no era persona capaz de seguir instintos impulsivos.

- Mis relaciones con mis padres no gozan de buena salud últimamente. Creo que te lo he comentado. Si no lo he hecho lo haré ahora: mis relaciones con mis padres no gozan de buena salud últimamente.

- Tendrás que hacer algo al respecto. Es una bonita historia para publicar.

Intentaba coaccionarme.

- Lo es, lo es.

- Bernardo estaría encantado de conocerla.

- Lo estaría, pero tú y yo sabemos que no la va a conocer.

- ¿Lo estamos? ¿Acaso los dos machacantes iban con la exclusiva? Creo que no hicimos mención al respecto.

- No lo hicimos, es cierto, pero tampoco hicimos mención de una bonita amistad que se podía romper por culpa de dos machacantes...

- ¡Uh! Hay cientos de amistades que se han roto por eso. Y por mucho menos...

Se mostraba duro, y yo no me había acabado el whisky. No podía afrontar la negociación en plenitud de facultades.

- Haré lo que pueda. Para algo están las bonitas amistades.

- Sabía que podía contar contigo.

Y mientras dijo esto se fue silbando del Círculo de los Cavernarios. Había conseguido levantarle el ánimo a un amigo pero yo me quedé sumido en apesadumbradas meditaciones. ¿Adónde me conduciría todo aquello? A nada bueno. Si le pedía un favor así a mi padre, una intermediación ante el general, él me pediría a mí otro. Tiemblo de pensarlo. ¡Derecho!

No crean que mis conversaciones suelen ser tan enormemente largas y complejas, barrocas más bien. Normalmente no hablo tanto, pero ya les dije que Jimmy era un buen tipo del que se podía sacar petróleo si estaba de humor. A veces con tres palabras ventilaba yo las conversaciones. Me recuerda una vez que miré fijamente a Pipper, el camarero (por si no se acuerdan). Él me miró fijamente. Yo le dije: "Lo de siempre". Y ya estaba todo dicho. Otras veces mis conversaciones con Pipper gozaban de mejor salud:

- Pipper, quiero whisky.

- ¿Del que siempre toma?

- No Pipper, esta vez, uno mejor.

Uno mejor en el club era algo serio para el bolsillo, pero la salud también lo es y a veces hay que cuidarla. Esta vez, después de la charla con Jimmy necesité buscar otras palabras que llenaran el vacío de una nueva conversación aún por descubrir.

- ¡Pipper! -Llamé al camarero.

- Sí, señor.

- ¡Más de lo mismo! -Lo necesitaba.

- Sí, señor.

Gran tipo este Pipper.


9 comentarios:

Maggie dijo...

Es una lástima que odie las novelas por entregas. Así que me esperaré a que publiques todos los capítulos. No pienso caer en la tentación.

ines dijo...

hola hermenegildo ahora te llemas asó no????????????
Los personajes están muy caracterizados y se puede ver tu humor ácido, como los matrimonios se dejan los fines de semana libres, es muy bueno.
te animo a que sigas con tu proxima entrega.
besos

Rictus Morte dijo...

Es lo malo Maggie, uno escribe un poco, cuando se emociona, pero luego se ve constreñido a seguir una historia, un argumento, a forzar un poco a los personajes... Y nunca llega a un final. Así que ni siquiera te ofrezco una novela por entregas, un sólo capitulillo sin perspectivas de futuro. Lo que escribí en un rato de "inspiración". Aun así es peligroso comprometerse con alguien a leer un libro entero... Puede que al final llegue el libro y haya luego que leerlo.

Hola Inés, no soy el personaje. Imito bastante a Bertie Wooster y a los Jovencitos con Botines de Wodehouse. Literatura ligera, de humor, que te ayuda a despreocuparte. Aunque es cierto que a veces me comporto como Bertie.
Me alegro de que te haya gustado, y de que te hayas tomado la molestia de leértelo entero. Ya te he pillado la dirección de tu blog.

Maggie dijo...

Aaaaaarrrgghhhhh, no. No hay nada que odie más que que me dejen en "coitus interruptus".

Rictus Morte dijo...

Bueeeeeno. Si te sientes mejor te cuelgo un segundo capítulo, pero antes tendrías que leer el primero, porque si no te gusta ni coitus interruptus ni nada. Tan siquiera una ligera mirada lasciva...

Maggie dijo...

Nada de miradas lascivas. Una segunda entrega me dejaría igualmente en interruptus. Yo quiero llegar hasta el final.

Rictus Morte dijo...

Cuando acabe una novela serás la primera en recibirla por internet. A lo mejor nos hacemos viejos antes, y hasta puede que muramos, pero la espera... nunca valdrá mucho la pena.

Anónimo dijo...

Muy bueno. ¿Para cuándo la segunda entrega?

Rictus Morte dijo...

Me alegro de que te haya gustado. El segundo capítulo lo podría colgar en cualquier momento, lo malo es el tercero, que no hay... A ver si un día me pongo.