12 diciembre 2006

La carcoma de mis huesos

Algunos de vosotros ya leyó el poema Dios te salve... de Almafuerte. Una vez intenté copiar la forma, el ritmo, y quizá copié algo más, pero este fue el resultado, para quien guste:

Cuando pienso que te pierdo,
cuando siento que me alejo,
que te apartas y me obceco,
que te veo sin mí y me muero...
Cuando vuelven torvos, negros,
revolviendo, viles cuervos
paro el mundo, paro el tiempo,
ese impulso, los momentos,
los minutos, tan sinceros,
tan malignos, tan tremendos
e intento reflexionar.

Y si llego a algún puerto
ya sea malo, ya sea bueno,
sea amargo nuestro encuentro,
sea cierto o incierto el duelo,
tanga aves, tenga cieno...
Esa oscura reflexión
tiene entrañas de misterio,
tiene, en mi obcecación,
un extraño mal secreto
que no entiendo y solo puedo
un lamento exhalar.

Un quejido desde dentro
de mi entraña desgarrada,
es la sombra de mi muerto, mi vahído puro y quedo,
mi estertor que entenebrece con su niebla siempre alada,
siempre en frío, siempre en fuego,
siempre oscura, siempre opaca
su memoria, su recuerdo
su existencia inmaterial.

Solo mudo cuando muerto
cuando sea sólo un sueño,
un espectro de ojos yertos,
un fantasma, un engendro,
una plasta sepulcral...
Solo entonces mi deseo
la carcoma de mis huesos,
mi delirio, mi tormento
este eterno desconsuelo...
Solo entonces morirá.

2 comentarios:

Maggie dijo...

A mí este poema, no sé por qué, pero me recuerda a la "sombra" de Jung, nuestro Mr. Hyde, nuestro lado oscuro. Cosas mías.

Rictus Morte dijo...

Me alegra sobremanera que te recuerde a cosas sombrías, porque el poema es un tanto sombrío. A veces me da pena no ser cómo escribo, y que las cosas que escribo no me pasen... Puedo ser el tío más feliz del mundo, teniendo muy poquitas cosas al alcance de la mano, y me da por escribir descalabraduras.