15 diciembre 2006

Un poco de "La cabra"

Este es un extracto de una novela que comencé, La cabra, y que creo que se puede leer. Fue por mayo de 2004, todavía no había ley antitabaco, pero ya la barruntaba...:

[...]Ingentes y vastos tratados (alguno de ellos también bastos) se han escrito para demostrar que "el tabaco perjudica seriamente la salud" (y no lean trabajo donde dice tabaco). Luego, para probar que "el tabaco produce cáncer". Más tarde para avisar así, lisa y llanamente, que "el tabaco mata". Por último, en un intento desesperado, que "el tabaco molesta al prójimo". Es una lógica secuencia de producciones tabaquiles. Con los tres primeros eslóganes (aunque para qué acudir a un anglicismo, letreros mejor) nada se conseguía. La gente seguía fumando más vivamente, si cabe. Los curiosos, cuando leyeron que el tabaco perjudica seriamente la salud. Los que tenían cáncer, cuando leyeron que el trabajo produce cáncer, porque, si ya lo tenían, ¿qué le importaba a ellos? Peor fue el caso de los suicidas.
Al parecer la ola de suicidios asociada al tabaco era espeluznante. Tres de cada cinco suicidas según los promedios de la policía, dos de cada tres según los médicos forenses, y ochocientos millones de manifestantes según los dirigentes sindicales, eran portadores de una cajetilla de cigarrillos en el acto liberador (se libran del Purgatorio y van derechitos a la estufa inapagable, ¡¡¡Hacienda!!!).

Pues si con los tres primeros letreritos no se conseguía que la población dejara de fumar, sí se logró con el cuarto: "fumar molesta al prójimo". Entiéndase por prójimo al de al lado, el que nos rodea. Pero si pensamos que el humo asciende al cielo donde forma bonitas nubes grisazuladas que recorren, si no todo el universo o la galaxia (recientes estudios descubrieron restos de humo de cigarrillos "Celtas" en la exploración a Marte), sí la atmósfera terrestre. Y ése hecho tan bonito, el compartir una atmósfera conjunta donde lo tuyo es mío y lo mío es propiedad privada, donde si echas un escupitajillo sin importancia puede que le de a un Lord inglés en el ojo (o, mejor, a su reina; mañana lo pruebo) ha implicado que sean prójimos nuestros los ugandeses, los patagonios, los canguros australianos o, lo que es peor, los franceses. Así, una bonita mañana se levantó el señor Chirac, con esa cara de galo pillo y de galopín que tiene, y decidió fastidiar a sus prójimos europeos. Los franceses fueron los que inventaron el cuarto, el fúnebre cuarto letrero, porque tres les parecían poco: libertè, egalitè, fraternitè, y fumar molesté al projemitè.

Alarma social, consecuencias políticas, prohibiciones de fumar a diestro y iniestro: Prohibido fumar en la oficina. Prohibido fumar en los aeropuertos. Prohibido fumar en las estaciones de servicio (vaya tontería gorda). Prohibido fumar en los transportes públicos. Prohibido fumar en los aviones. Prohibido fumar en los transportes del público en general (esta última prohibición absorbió a las dos anteriores)...

Hasta aquí todo era tolerable, pero se empezó a torcer cuando dicho cartelito de "prohibido fumar" apareció en los lavabos de señoras. Entonces sí hubo escándalos y detenciones. Detuvieron a una periodista que estaba fumando en un lavabo de señoras. Ella dijo que era de El País y que podía fumar donde le diera la gana. Los solícitos policías que la detuvieron dijeron que estaba prohibido fumar a las señoras fueran del país o extranjeras. Entonces ella dijo que era periodista, no una señora, y que por lo tanto podía fumar ahí. Los policías dudaron entonces; no de que fuera una señora, que tenían claro que no lo era, sino de que fuera periodista... Al final la tuvieron que dejar libre, porque como estaba en el retrete no sabían si estaba fumandose un puro o evacuándolo. Mejor sería eso a que les metieran a ellos un puro por meterse con un acólito de Polanco, y es que, en asuntos serios, mejor que un cigarrillo es un buen puro.
Algunos quisieron prohibir que se fumase al aire libre pero, gracias a Dios, no se llevó a efecto. Si bien se prohibió fumar en las piaras y en las industrias y explotaciones porcinas, por ser sus habitantes considerados prójimos de los prohibidores compulsivos.

Lo que no pudieron prohibir es que se fumase en mi casa. Aún no, no todavía, no en estos momentos... mas nada es seguro con Zapatero en el gobierno. Hasta la intimidad de nuestros hogares se ve amenazada y desvalida porque si nos hacemos un agujero en el zapato o gastamos la suela, ¿a quién lo llevaremos? Que empieza a llenarse de zapateros el gobierno y acaba de ministro de exteriores el Burro Moratones.
A lo que iba, que en mi casa se podía fumar y fumábamos. Y bebíamos también, que la libertad es húmeda y espirituosa. Solíamos reunirnos una vez a la semana, una semana al año, a fumarnos una buena pipa, a bebernos un regular whisky y a complacernos con una vulgar conversación. Esas conversaciones que no soportan las mujeres y que por éste, y no otro motivo, no eran invitadas.[...]

1 comentario:

Maggie dijo...

Ya lo leeré con tiempo, ¡que se me va el aviónnnnnn!

Lo dicho, felices fiestas y 2007. Ya me contarás cómo fue lo del sábado... ;)