03 enero 2007

Carroña, asma y unas gotitas de Alvite

Esto lo escribí el 16 de marzo de 2006, con la oposición a la vuelta de la esquina. Podía caer en cualquier momento, y cayó un fatídico 11 de septiembre. No lo publiqué entonces porque no tenía blog, y no lo envié a los amigos por email porque se podían pensar que este juego literario reflejaba alguna realidad. No es bueno preocupar a los demás. Por aquél entonces leía mucho a Alvite, y tenía razón mi preparador cuando decía que me infravaloraba a mí mismo, que esa actitud es negativa. Si no, lean, lean:

"Ha llegado el momento en el que todo se oscurece y no basta para ver descorrer las cortinas. La oscuridad, como quien dice, está en el aire. La oposición se cierne sobre mi persona como un buitre sobre la carroña. Me hubiera gustado más que fuera un águila, que sólo van a por lo que se mueve, y lo que se mueve todavía puede escapar con vida.

La carroña ya hace que murió. Antes de empezar da todo por perdido. Abate la ilusión y solo queda, al final, el conformismo con la derrota, como si fuera ésta la meta propuesta, el único éxito que se puede esperar.

Son estas horas de oscuridad donde uno pronto espera dejar de ser carroña. Las ideas de lo que uno puede llegar a ser se agolpan en los artículos del Código Civil, apretujándose, haciéndose aún más espesa su repetición, ciega e incomprensible. Suena una música de fondo gris, y es que siempre me ha hecho ilusión aprender a tocar la gaita con los pulmones infectados de malos humos. Ya ven, uno estudia notarías y sueña con ser un soplagaitas de chimenea. Aunque con la bronquitis asmática sólo puedo esperar sacar notas sordas de los tubos.

Aún así la confianza es lo único que tenemos, y hay que saber dónde guardarla. Yo la deposito en el fracaso porque es lo que sabemos con certeza que podremos conseguir. Confiar en aprobar sería un acto bonito pero ridículo: aproximaría a la depresión, y hasta al suicidio, a los más débiles. ¿Se puede aprobar? Sí. ¿Se puede suspender? Con total seguridad.

Soy un tipo al que le gusta lo seguro. Al que le molesta no saber dónde va cuando sale de casa, y que por eso sale tan poco. Si me encuentro con alguien con quien no esperaba es posible que asome a mi cara una mueca de fastidio. Pero no es fastidio, es miedo. Y el miedo es lo que hace que corramos. Pero yo no puedo porque el asma me lo impide. Estoy atrapado."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No te preocupes, no tienes que correr. Siéntate y disfruta con Rodríguez el Traidor y sus amiguitos de la pazzzzz.

Nos lo vamos a pasar bomba. Garantizado.

Rictus Morte dijo...

Sí, habrá que esperar sentados hasta que nos toque la china, o la bomba.