15 enero 2007

Una broma de mal gusto... y peor olor

Por todos es conocida la anécdota, tantas veces contada y escrita por periodistas, del señor que al llegar a la oficina se iba al retrete a desahogar y pasaba allí sus buenos 20 ó 30 minutos. Al final el jefe le tuvo que indicar que a la oficina se venía cagado de casa.

Ese no es mi problema porque ni tengo jefe, ni oficina, pero procuro seguir el consejo ya que los servicios públicos me generan tensión, y si alguna vez me he visto en la necesidad de hacer uso de los mismos siempre quedo con la sensación de que me dejo algo dentro. Y en este tema sí que conviene apurar hasta las heces.

No, no es mi propósito ser grosero tratando de cagadas y meadas, que harían, por otra parte, las delicias de los niños. Pero sí reflejar que el humor también trata estos temas escatológicos. Así, se cuenta de Mozart que en algunas cartas dirigidas a su familia les comentaba su intención de meterse en la cama "y hacer que truene". Y no porque Mozart o su madre fueran unos cochinos, sino porque ese humor se estilaba por aquel entonces. Y no nos engañemos, tanto en aquel entonces como en este hoy, todos hemos hecho tronar alguna vez bajo las sábanas. Algunos pobres ni siquiera pueden impedir que también les llueva.

El mismo Quevedo, en sus "Gracias y desgracias del ojo del culo" ya teoriza al respecto sobre el acto:
"No hay contento en esta vida
que se pueda comparar
al contento que es cagar",


y el alivio consiguiente:
"No hay gusto más descansado
que después de haber cagado."


Hubo una época en la que este tema era tabú para mí, de mal gusto. Una época en la que tenía todavía idealizado a las mujeres, como les pasa a todos los hombres cuando aún son un proyecto, en su adolescencia. Hasta que un día un amigo me abrió los ojos diciéndome: "Rictus, desengáñate, las mujeres son como nosotros, también cagan." A pesar de tremenda noticia aún tengo en elevada consideración a las féminas. Se revela en el hecho de que ellas me consideran muy mono, y en ocasiones hasta me tiran cacahuetes.

Pero esto de ir al retrete es, a veces, un tema serio y preocupante. Sobre todo cuando se obstruye el intestino y no hay manera. Se prueban manasules y todo tipo de laxantes y nada, horribles retortijones sin abono a la vista. Es entonces cuando hay que acudir a la oración, como bien nos enseña Camilo José Cela:
"San Ciriaco bendito
arréglame el insurrecto.
Cagar bien te solicito
por la paz de los muertos."


Aviso: por la efectividad de la oración absténganse de decirla si van de viaje, pues habrán de hacer verdaderos malabares en los retretes públicos que a su paso se encuentren, que todos sabemos cómo se las gastan.

Y como este tema da para mucho más les recomiendo un libro del más digno hipocondríaco del humor, Chumy Chúmez: "Ayer casi me muero". Puede ser una de las cumbres literarias. Y con esto quiero decir solo que a mí me gustó, pero ya saben que soy de Sevilla y aquí se exageran hasta las cagadas, como en el '92.

9 comentarios:

jesrodmar dijo...

Debo ser muy niño. Te ha quedad muy cachondo y realista. Las mujeres también cagan... y seguro que hasta se tiran pedos. y no sigo...

marce dijo...

Las mujeres cagan? no me jod...

QRM dijo...

A mi no me importa que caguen si tienen el culo bonito.

Mariano Rodríguez dijo...

Sólo puedo señalar una cosa: el tema es clásico y de rancio abolengo, como prueba la cita de Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645). Así que, por tratarlo con la seriedad que merece, y siguiendo tu ejemplo, me permito transcribir, para el lector no avisado, el comienzo de la citada obra, que constituye todo un clásico que no es estudiado en las universidades (ya se sabe que la risa no es buena compañera de la seriedad que requiere una clase universitaria):

GRACIAS Y DESGRACIAS DEL OJO DEL CULO
Dirigidas a Doña JUANA MUCHA, MONTON DE CARNE,
Mujer gorda por arrobas.
Escribiólas JUAN LAMAS, EL DEL CAMISON CAGADO.
Edición de DANIEL LEBRATO, Maestro Oculista.

Joaquín dijo...

Borges (cito de memoria) tenía una gran admiración por Quevedo y decía que era, más que un escritor, una literatura. Las "gracias y desgracias..." es una de esas obras jocosas de juventud que le granjearon fama de chistoso. Pero es admirable el radio literario que ocupa su obra, hasta alcanzar la cumbre (p.ej.) de "La cuna y la sepultura". Quevedo es inmenso, hasta en sus defectos.

Rictus Morte dijo...

Sería curioso tener a Quevedo entre nosotros, en estos tiiempos, y ver cuántos de los que le admiramos quizá le detestaríamos un poco. Era un hombre peligroso, grande en sus defectos, como dice Joaquín, enemigo implacable a veces, y a veces perrillo faldero.

Pero tenía una virtud que sobresale sobre todas las demás: de manera acertada o no, se jugaba la vida por España, o por lo que él creía que debía ser España.

Joaquín dijo...

Tuvo además una vida "de película" (valga el anacronismo), de espía en Italia, y todos los avatares que le condujeron a la prisión de San Marcos (donde escribió algunas de sus mejores obras, las más ascéticas). Su vida está muy documentada, casi día por día. No como en el caso de Cervantes, que es todo misterio. Eso sí, si me dieran a elegir, preferiría entrevistarme con don Miguel antes que con don Francisco (éste amigo de sus amigos, después de todo).

El Cerrajero dijo...

Tu entrada de hoy ha registrado un valor de 10 culopondios xD

Rictus Morte dijo...

Buena escala esa de los culopondios... Espero que 10 sea el mayor grado.