11 enero 2007

Volviendo a Rilke

¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas? Y aun si de repente algún ángel
me apretara contra su corazón, me suprimiría
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible.

Y es que, cuando no se me ocurre nada no me resisto al poeta. Éste es el comienzo de las Elegías de Duino, su Elegía primera. Pero tampoco me resisto a Quevedo:

¡Ah de la vida!"...¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni adónde,
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortajas, y he quedado
presente sucesiones de difunto.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho el texto de Rilke, ¿de qué obra es?

QRM dijo...

Quevedo es Dios.
!Te alabamos Señor de las letras¡

Después de quevedo, sólo el silencio no es irreverente.

Éxtasis.

Rictus Morte dijo...

Escritor es de "Las elegías de Duino", el comienzo de la primera elegía.

Ya me callo, Qrm...

Lupiáñez dijo...

Aúpa Quevedo. Y Rilke.