01 febrero 2007

En el Parque de María Luisa

El Parque de María Luisa es uno de los mejores enclaves de Sevilla. Hay que darle las gracias a la tal María Luisa por ceder los terrenos a la ciudad. Debió ser una mujer romántica, menuda y juguetona. Y no me preguntéis porque digo esto ya que no lo sé, así me la imagino. Pero, un parque, ¿para qué sirve? Para ligar, claro. Con los árboles se puede hacer dos cosas: subirse a ellos, o amar bajo sus ramas. Vale, también se pueden talar y hacer tablas de madera, pero no viene al caso.

Y siguiendo el caso, si uno lleva a una chica al parque y debajo de un cercis siliquastrum le recita un poema de amor, lo más probable es que la chica le escupa a la cara por hacer tal barbaridad. Pero claro, todo ello deriva de que la chica no sabe qué es un cercis siliquastrum, y es que un cercis siliquastrum no es más que el árbol del amor. Eso es. Ya no es lo mismo. Ya hasta es probable que la chica se ablande y le deje a uno acompañarla de vuelta a su casa...

A pesar de todo ello yo no soy partidario de llevar a una chica debajo de dicho árbol y recitarle poemas de amor. Y no es porque tenga nada en contra de los poemas de amor, uno de vez en cuando está bien. Pero el árbol es muy cursi... Tiene las hojas redondas (a algunos les parecen en forma de corazón) y las flores, cuando es el tiempo, rosas. De un color rosa que cansa y molesta, y es algo hortera. Y uno ha de evitar parecer hortera con todas sus fuerzas, por encima de todas las cosas, o de casi todas.

Pero una cosa es lo que uno haría y otra es lo que las féminas reclaman, y a veces una fémina reclama que se la lleve debajo de dicho árbol y se le reciten dichos poemas, y contra ello los hombres debemos plegar nuestra voluntad, sin intentar entenderlo, o ser rechazados.

Si alguien ha estado en el Parque de María Luisa y ha visitado la estatua de Bécquer habrá podido comprobar que, a pesar de la belleza de la misma, lo más hermoso es el árbol que se alza en el centro. Creo que los botánicos dudaron entonces en si ése árbol debería ser considerado como el árbol del amor, en vez del cercis siliquastrum. La verdad es que perfectamente podría haberlo sido, porque a nombres científicos van parejos. Éste se llama taxodium ditichum. Pero no sé por qué motivo se decidió que al taxodium se le conociera vulgarmente como ciprés calvo de los pantanos y no como el árbol del amor.

Yo, que perfectamente hubiera aceptado llevar a una chica debajo de un majestuoso taxodium y recitarle uno de esos poemas de amor (y uno, que dos son compañía) ya no puedo hacerlo. Y no puedo hacerlo porque en cuanto se entere que la he llevado bajo un ciprés calvo de los pantanos es posible que me demande por acoso sexual y por pervertido. Creo que solo Bécquer, y ya muerto, puede congregar felizmente a las féminas bajo tan grandioso árbol.

¿Y a qué viene todo esto? Os preguntaréis. No sé si podré contestar con claridad. Lo cierto es que a continuación os transcribo el último poema de amor que he escrito y necesitaba una introducción. Es curioso esto de la inspiración, uno no sabe de donde viene ni a donde va, y ni en qué piensa cuando escribe y ni escribe lo que se propone. Por eso, cuando uno le dedica un poema de amor a una chica mentiría descaradamente. Yo he intentado escribir un poema a una chica y me ha salido un churro. En cambio, cuando lo intenté con un pato me salió uno de los mejores poemas de amor jamás escritos... por mí, claro.

Pero eso no es importante. No es importante tanto lo que piensa uno como lo que lleva en el corazón. Y yo debía llevar cosas interesantes en el mío cuando escribí el poema, porque estaba pensando en otras cosas ajenas al amor cuando lo compuse. Pensaba en los temas de derecho civil y, más en concreto, en la enfiteusis y la superficie, y todo esto suena muy superficial.

Lo cierto es que salió un buen resultado, eso me parece, y lo someto a vuestra crítica. En alguna ocasión he colaborado con la felicidad de un amigo dejándole algún poemilla y, he de decir, que con buenos resultados. Yo mismo, y a mi pesar, he utilizado los poemas para encandilar el alma delicada de alguna señorita (aunque este apelativo no sea del todo correcto, señorita) y con éxito contradictorio. En un caso recibí lo que escribía en el poema: silencio:
Mientras todos en tu mundo
Te saludan y te abrazan
Y te dan su amor profundo,
Donde las risas no alcanzan
Yo, te suspiro en silencio.

¿Silencio querías? Silencio recibiste. Esta podría ser la clara moraleja. En el otro caso conseguí a la chica en cuestión, y el tema duró más de tres años. A veces deseo que no hubiera pasado, pero pasó. Por eso un poema es un arma de doble filo ya que, como en mi caso, te cortas por los dos filos. Y sin más preámbulos, porque más preámbulos sería abusar de vuestra confianza, os remito el poema en cuestión (y observad que siempre escribo poema y no poesía, porque poesía... suena más cursi):


Tu mirada

Enhebrado en tu mirada
Yo me siento
Como un alma enamorada,
Anclada en el firmamento
O en el Cielo atravesada.

Tan henchido de contento
Yo me siento
Que no siento,
Cual aquél que tiene todo,
Cual si no tuviera nada,
Cuando me hallo de algún modo
Enhebrado en tu mirada.

Mas no quiero tu presencia,
Y aunque anhelo con paciencia
Por siempre tu compañía
Si algún día la tuviera,
Si por ti yo amado fuera
De alegría moriría.

Y esa fuerza incombustible,
Que dicen se llama amar
Más allá de uno mismo,
Me ha encumbrado en su abismo
De locura, al contemplar,
Al hallar irresistible,
Tu belleza inmarcesible.

Y si en la noche tu frente
Un cálido beso siente,
Es mi alma enamorada
Que se rinde ante su amada.
Y si en la noche silente
Tu cuerpo el amor presiente
Es mi alma evaporada
Al fundirse en tu mirada.

3 comentarios:

marce dijo...

Suerte la tuya Rictus que sabes escribir poemas,a algunos en esas circunstancias no se nos ocurre nada mas que recurrir a Neruda y no me digas que lo intente porque si con el chileno ya me sale mal imaginate con los mios.

Rictus Morte dijo...

Bueno Marce, que en el texto hay mucha ficción. Sabré escribir poemas, pero Dios me libre de recitar algún día...

marce dijo...

Y yo no me pondria a recitar ni harto de whisky,pero hoy en dia existen mas formulas de hacer llegar un poema a una dama ¿o no?