21 junio 2007

El colmo de un pesimista

En mis pocos años de experiencia, que dentro de unas semanas serán 29, he aprendido dos cosas:
1. El gran axioma matemático, transmitido por la sabiduría de mi hermano:
Los deditos de las manos,
los deditos de los pies,
los cojones y la picha
suman juntos veintitrés.
2. Que si tú no te complicas la vida Dios te la acaba complicando.

Del axioma ése poco tengo que decir, principio claro del Universo -no lo dudo-, pero yo miro, y cuento, y me dan veinticinco. Algún día aclararé el misterio.

Pero respecto a lo segundo, hace poco que dejé la natación porque me quitaba un tiempo precioso para estudiar, y ya era hora de ponerse serio con el tema -el primero al menos, ya veremos que hago con los 99 restantes- y desde entonces no han parado de surgirme complicaciones y problemas.
¿El último? He ido al dentista por primera vez en mi vida, y como todo lo que se hace por primera vez, salió mal el asunto. Entre vosotros y yo: es posible que el colmillo que uso para chupar la sangre haya que estirparlo -bueno, los dentistas arrancan, extraen quitan... y no sigo con los sinónimos porque al final descubriréis que tengo poco mérito escribiendo y un diccionario de sinónimos-. Esperemos que no, pero con la suerte que tengo será así la próxima conversación que tenga con el dentista:
- Entonces, ¿hay que amputar?
- No queda más remedio, si quiere salvar la pierna.
- Adelante doctor, corte sin miedo.
- Primero voy a anestesiarle.
- No, deje la anestesia para los maricas. Tráigame una botella de whisky. Si uno no siente dolor cuando se separa de un miembro nunca aceptará su pérdida.
- Como usted quiera, pero le advierto que el dolor es muy intenso.
- No se preocupe doctor, sabré aguantarrr...¡¡¡ahrg!!! ¿Pero qué está haciéndome?
- Nada, sólo limpiando la herida con el algodón.
- Está bien, anestésieme, pero como se entere alguien de esto... ¿Doctor?
- ¿Sí?
- Recuerde que era el colmillo, no la pierna...

¡Ah, mis dientes, que sólos se van a quedar sin la compañía del colmillo! Colmillo Blanco sería un buen título para una novela... Bueno, Colmillo Macilento o Parduzco más bien. Y mirad que yo soy desprendido y generoso, y si os doy algo me gusta que vosotros, con el mismo espíritu generoso, me lo devolváis...
No os miento si os digo que eran la parte más atractiva de mi fisonomía, y no sólo porque estaban ocultos y casi no se dejaban ver. A mi "ex" le chiflaban: "¡Qué dientes, Dios mío, pero qué dientes!" Exclamaba emocionada. Luego la encerraron en un psiquiátrico por no sé qué complejo de Ratoncito Pérez.
Así es que que voy a ver mermada la parte más atractiva de todas las que tengo. Partes que nunca han llegado a formar un todo claro... Eso sí, aún conservo la parte más prometedora, y es que las entradas dejan entrever un nuevo mundo, no del todo redondo, por descubrir, donde poder clavar benderitas y cuernos.

Por otra parte he hecho una necesaria visita al oftalmólogo y lo que me temía se ha confirmado: veo tan mal las cosas que tengo delante como España su futuro. Ya sé que la hora de cambiar de gafas es como la muerte, siempre llega. Y para mí había sonado el gong y tenía que comprarme una nueva montura. En estas cosas me dejo guiar, como ciego que soy, por las féminas de mi familia. No sabéis bien el valor que esto supone y es que, si yo tomara todas las decisiones respecto a mi vestuario, soy tan antiguo en gustos que me veríais con armadura y lanza. Así que, consciente de mis limitaciones, dejé que decidieran ellas:
- Unas gafas de pasta oscura, como las que se llevan ahora.
- ¿Éstas? Éstas están bien -dije, señalándo unas Ray Ban corrientitas.
- ¡Uy! No, la patilla es muy fina, vas a parecer de los '70. Ahora se llevan como en aquella época, pero las patillas anchas.
- Mirad que yo de gafas cambio muy de vez en cuando, a ver si me voy a comprar unas modernas y, como la moda es efímera, voy a estar llevando unas gafas de los 2000 en los 2010... ¿Por qué no vamos a lo clásico?

En fin, las clásicas dudas e inseguridades de un chico tímido que no quiere llamar la atención ni a los bomberos. Y ahora me tendré que afeitar la barba porque cuando me miré al espejo con las gafas nuevas, de pasta negra, mis cejas negras y mi barba negra pregunte: "¿Ése soy yo o es Buenafuente?"
Mi visión va a estar enmarcada por la pasta oscura de las gafas. De negro que lo voy a ver todo al menos no se me podrá acusar de racista. Va a ser la confirmación de un pesimista.

Se suele decir que los hombres hablan muy a gusto de sí mismos: déjales hablar de su ego y les conquistarás. En mi caso parece que es así pero lo hago porque si hablara tan mal de las cosas de los demás como lo hago de las mías, correría serio peligro.

1 comentario:

Lupiáñez dijo...

Este ya te lo he leído.

¿De verdad tienen que sacarte un colmillo? ¿Cúal?

Tengo una amiga que le sacaron un colmillo que le había salido por una de las cuatro muelas del juicio. Tenía cinco la tía... Claro que era una loba que no veas...

Un abrazo y suerte con el tema