20 julio 2007

De estornudos magistrales

El otro día tuve una conversación con una compañera sobre lo peligroso que puede ser sofocar un estornudo. Y también sobre lo placentero que es estornudar en condiciones, ¡lo a gusto que se queda uno! Y como no ando bien de material para el blog, y ahora que estoy con los poemillas, aquí cuelgo uno malillo sobre el tema que escribí hace muchos años.

Ya llegaba, aquí ya estaba
de manera repentina
sin cuidado me pillaba
cocinando en la cocina.

Con la sartén en la mano
¡Dios me guarde de la ruina!
Cuando llega todo es vano,
ni huir siquiera a la piscina.

E irrumpió como un volcán
vomitando agua y moco,
temblé todo como un flan,
temblé como tiembla un loco.

Mi cuerpo se estremecía,
más que blanco quedé mudo;
la sartén rota yacía,
¡qué estornudo cojonudo!

Ya véis, rima tonta y fácil -porque lo de la piscina...-, pero espero que a alguien le haga algo de gracia. Es un simple divertimento infantil.

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