17 julio 2007

Marcial, Quevedo, y el XVIII

Encontré en la biblioteca un libro muy curioso en el que exponían epigramas de Marcial, su traducción, y la versión que sobre los mismos había hecho Quevedo. Como el libro no lo encuentro ya en librerías, me he decidido a copiarlo y ahí ando, todos los días transcribiendo dos o tres páginas. Aquí os pongo uno de esos epigramas de Quevedo:

Solo tienes posesiones,
solo dinero y bienes
de oro, solo, solo tienes
olorosas confesiones,
solo vinos, ámbar, dones,
solo tienes valentía,
solo ciencia y cortesía,
y con quererlo tener
todo solo, a tu mujer
la tienen en compañía.



Y ya puesto, me he adentrado en el siglo XVIII, y cosas curiosas hay. Ésta de Nicolás Fernández de Moratín:

SABER SIN ESTUDIAR
Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»,
dijo, torciendo el mostacho,
«que para hablar en gabacho
un fidalgo en Portugal
llega a viejo, y lo habla mal;
y aquí lo parla un muchacho.


Y de José Iglesias de la Casa:


EPIGRAMA
Preguntó a su esposo Inés:
«¿Qué cosa es la que tropieza
un marido con los pies,
llevándola en la cabeza?»
Puesto el pobre a discurrir,
respondió que no acertaba;
y ella echándose a reír,
con dos dedos le apuntaba.


Y ya, para no aburriros, el último, de Juan Pablo Forner:

EPIGRAMAS
EPITAFIO

Aquí yace Jazmín, gozque mezquino,
que sólo al mundo vino
para abrigarse en la caliente falda
de madama Crisalda,
tomar chocolatito,
bizcochos y confites,
el pobre animalito,
desazonar visitas y convites,
alzando la patita
para orinar las capas y las medias
con audacia maldita,
ladrar rabiosamente
al yente y al viniente,
ir en coche a paseos y comedias
y ser martirio eterno de criados,
por él o despedidos o injuriados
con furor infernal y grito horrendo.
Si inútil fue y aborrecible bicho,
y petulante y puerco y disoluto,
culpas no fueron suyas, era bruto;
educole el capricho
de delicia soez con estupendo
horror de la razón; naturaleza
no le inspiró tan bárbara torpeza.
Los que en la tierra al Hacedor retratan,
sus hechuras divinas desbaratan,
corrompen y adulteran.
Los vicios de Jazmín, de su ama eran.


Y es que hay perros tan caprichosos, estúpidos y vanos que se parecen más a los amos que los propios hijos de éstos.

6 comentarios:

Ignacio dijo...

Este ultimo retrata perfectamente a la corte de Madrid, la monarquía y todos esos de los programas rosa.

QRM dijo...

De carcajada y para aprender mucho.
Quevedo es Dios, si me permites ser irreverente.
Que pena no tener a Quevedo hoy; tendría un filón inagotable de memos a los que zaherir graciosamente, que es lo que realmente escuece: el escarnio y la humillación de no llegarle a Quevedo a la patilla de los espejuelos.
Un saludo muy cordial, amigo.

Ignacio dijo...

Te linko y te copio

Jesús Sanz Rioja dijo...

Lo del portugués lo conocía, pero no sabía que era de don Nicolás. El XVIII casi es lo mejor que tiene, la poesía cachonda.

Buentes dijo...

Me encanta el de Nicolás Fernández de Moratín. Cuando estaba en el colegio, nos lo hicieron leer en una clase. Genial!!! Me has hecho volver a aquellas aulas.

Rictus Morte dijo...

Gracias a todos.

Ignacio, me vas a hacer una publicidad inmerecida. Me alegro que te gusten estos poemillas.

Qrm, me alegro de leerte de nuevo. Piensa que por ahí anda también Monsieur de Sans-Foy. No tiene la misma mala leche que el gran Quevedo, pero no se le da mal. Lo cierto es que se echa de menos de verdad al genio, pero todavía hay mucho suyo que desconozco, y hasta que lo agote me queda tiempo de disfrutar. ¡Qué cosecha haría, como dices, en estos tiempos!

Es verdad que la poesía del XVIII pasa bastante desapercibida, como si hubiera sido una etapa de transición, pero tiene sus buenas joyas, Jesús. Y son las que a mí más me gustan, las cachondas...

Y don Pablo, te he perdido la pista porque apenas puedo meterme en internet en estos meses, y no puedo fisgar como me gustaría por blogs ajenos. Algún día tendré eso que tanto necesito: dinero y tiempo. Espero que, para entonces, conserve las ganas.

Un abrazo a todos