09 julio 2007

Sócrates desde el púlpito

"¡Compatriotas! Vosotros me sois caros y estimables, pero antes que a vosotros debo obedecer a Dios. Y mientras me queden alientos y fuerzas no cesaré de inquirir la verdad y de amonestaros y abriros los ojos y de hablar a vuestras conciencias en mi forma acostumbrada: ¿Cómo tú, querido, tú, ciudadano de la ciudad más grande y más culta, no te avergüenzas de ocupar en llenarte lo más posible tu bolsa y de ambicionar fama y honores, mientras que nada se te da del juicio moral, de la verdad y de la mejora de tu alma?"

Cuando se predica después del ejemplo no hay más que aceptar la predicación o acallar al predicador, a la par que a la propia conciencia. ¡Qué suerte tenemos nosotros que nos han alentado personas que con su ejmplo cumplían sus palabras! Ahí a Juan Pablo II, a la madre Teresa, quizá los ejemplos, entre muchos otros, más reconocibles.

3 comentarios:

COLOMBINA dijo...

hola rictus, para mi el mejor ejemplo es el que damos en nuestra vida cotidiana, siendo luz en la las tinieblas.
saludos ines

Rictus Morte dijo...

Hola Colombina, me parece muy bien lo que has escrito. A ver si la coherencia nos acompaña. Un saludo

Militos dijo...

Si todos predicáramos con el ejemplo... qué buena nación sería España.