04 julio 2008

Metrosexuales en Roma

¡Hola a todos!

Me gustaría empezar el email diciendo: ¡he vuelto! Así, con alegría. Pero no puedo, y no porque no haya vuelto a Sevilla -cosa que a alguno causa pesadillas, y ya veremos el caso que puedo hacerle al blog-, sino porque también he vuelto a la biblioteca, y aunque no me esfuerzo mucho por ahora, se me acabó lo bueno -y entre nosotros, lo bueno no era tan bueno, lo que es un poco triste-.

Pues eso, que aquí ando entre apuntes y distracciones, y como no tengo mucha invención últimamente tiraré de los clásicos y los versos, eso que tanto odiáis. Y es que Alfonso Ussía ha sacado una segunda parte del Reino de los Coñones, un libro recopilatorio de versos satíricos, y me ha recordado lo buenos que hemos sido los españoles de todos los tiempos en este campo. Desde Marcial, el primer epigramista de la historia, pasando por Quevedo, Villamediana, y llegando a Capmany -los hay que son grandes epigramistas y que están vivos, pero sólo cito a unos pocos y ya muertos-.

Pues de todos ellos Marcial, que fue el primero, nos muestra ya en un epigrama excelentemente traducido cómo en la antigua Roma existían metrosexuales, y cómo esto, que no es una invención moderna como casi nada, es el primer paso -o quizá el último- para la homosexualidad:

Pensando en tu novia, Andrés,
te depilas pecho, axilas,
pubis, minga, piernas, pies...
¿En quién pensarás, Andrés,
cuando el culo te depilas?

Y nada más. Una última curiosidad. El verso final de un soneto de Lope, que me ha causado perplejidad:

"Tu bestia soy, Amor, dame de palos".

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