22 octubre 2008

La cartera


Y no, a pesar del título del email, no es que me haya vuelto a encontrar dinero. Si fuera así sé que muchos empezarías a sospechar de mi habilidad para el latrocinio -y ya que se me acusa de emplear palabras extrañas, latrocinio significa robo-. Lo cierto es que es algo mucho más interesante. La persona que reparte el correo en mi barrio, que antes era un señor serio y con bigote, ahora es una muchacha grácil, guapa y pizpireta. Nuestro encuentro se produjo de manera casual, pero yo prefiero pensar que fue cosa del destino -y que de alguna manera estamos destinados el uno al otro, claro-.

Sucedió cuando tuvo que saltar una de las zanjas de mi calle en obras para llegar a mi portal. Dando un salto de bailarina de ballet consumada -en ese momento empezaron a aletearme las orejas- aterrizó a mi lado, agarrándose de mi brazo. Si lo hubiera previsto hubiera hecho pesas para que tuviera algo consistente a lo que agarrarse, pero lo que hay es lo que hay. ¿Quién lo hubiera podido prever? Hasta hace poco me afeitaba todas las mañanas y hasta me ponía mi ropa nueva para sacar la basura. Todo ello en previsión, pero en vista de que "Ella" -la que sea, lo cierto es que cualquiera vale- nunca terminó de fijarse en mí, y del tremendo gasto en cuchillas y espuma de afeitar -y ciertos lamparones en las mejores camisas- dejé de hacerlo.

¿Quién hubiera adivinado que me iba a tocar de esa manera tan prometedora la nueva cartera? Yo no, desde luego, ya sabéis que no me gusta eso de tocar a los demás. Y todo a pesar del consejo de mi amigo Alf: "hay que superar la barrera del contacto físico, Rictus, lo demás viene de corrido". A mí, si me tocan, quiero que lleguen hasta el final, ¡por eso tiemblo cuando un tío me da una palmadita en la espalda!

El hecho es que un ángel ha aparecido en mi vida, ¡y con uniforme! Ya sé que no es la típica faldita escocesa, o el traje de azafata, pero ella lleva un carrito amarillo, ¿y a saber qué secretos esconde dentro? A parte de facturas, que últimamente es lo único que trae el correo -y espero que no sea premonitorio si acaso acabamos juntos, que lo único que reciba a cambio sean facturas...-

Todas las mañanas, desde que me levanto hasta la hora de comer, me asomo a la terraza, suspirando de amor, esperando que llegue el correo para verla desde arriba. Me estoy haciendo famoso en el vecindario, sobre todo porque alguien ha pensado que no me decidía a saltar, y empezó a animarme desde el edificio de enfrente. Pero me he cansado, sinceramente, prefiero estar en la cama a esas horas del día en lo que lo único que se puede hacer es algo productivo. Tengo un plan, me voy a enviar una carta certificada.

Aunque hay que prepararlo bien, no sea que suba a mi casa a darme la carta y lo que se encuentre sea mi apartamento.Queda bien llamarlo apartamento, pero es un piso viejo de los Remedios cochambroso y mal amueblado, y esto no puede causar mucha impresión. Lo que voy a hacer es poner en el remite:

S.M. don Juan Carlos I,
Palacio del El Pardo s/n
Madrid.

¡Je, je! Reconocedlo, es ingenioso, esto seguro que la impresiona -aunque no recuerdo bien si, además de Franco que vivía en El Pardo, lo hace también el rey-. El único problema sería que ella fuese republicana...

4 comentarios:

Lupiáñez dijo...

Envíate dos cartas: una del rey y otra de Zapatitos o de Llamazares, mamón. Ya sólo queda que nos escribas diciendo que te has enamorado de la mujer (qué digo mujer, ¡señora!) que va a limpiar las escaleras de tu casa. Rictus, hijo, déjate de tanto enamorarte y, para variar, dile algo.

Lupiáñez

PD.: Métete en el del blog del Genio

Mariano Rodríguez dijo...

Je, je... Después del comentario de Lupiañez, ¿qué puedo añadir? Me alegra volver a pasarme por aquí y leer algo de calidad (procuraré no dejar mis buenas costumbres).

Lupiáñez dijo...

Me refiero a que les diga algo a ella... y por "ella" me refiero cualquier cosa que sea lo que te atraiga en la historia... incluso si es una escoba.

Rictus Morte dijo...

Lupiáñez ya lo cogí luego, es que leí el comentario directamente en el correo y no entré en el blog para ver la entrada que comentabas...

¡Mariano! Qué sorpresa. Ahora creo en la resurrección...

Un abrazo a los dos