12 mayo 2009

Juntaparejas

Hola a todos, perdonad mi ausencia -o no la perdonéis-. Perdí la conexión pirata que tenía en el piso y ahora estoy intentando conectar desde la Universidad, pero como no soy universitario me hacen el boicot con claves y cosas así que trato de eludir, pero que aún no he conseguido porque tampoco soy ningún hacker -o comoquiera que se escriba-. Esto que quede entre nosotros.

Por otro lado... Siempre me ha llamado la atención el comportamiento de aquéllos que, en un acontecimiento social como es una boda, suelen sentar a todos los solteros en la misma mesa. Es como si estuvieran deseando que todos ellos acaben compartiendo su misma suerte. Parece que piensan: “si me va bien, lo mismo quiero para vosotros; si es un desastre, ¡no me hundiré sólo!”

También, y en clara consonancia con lo primero, se halla la actitud del que necesariamente ha de ir acompañado a una boda, aunque no tenga pareja, y le suplica a algún amigo o amiga que le sirva de acompañante. Para luego, eso sí, desmelenarse en la pista de baile olvidando que ha traído pareja. Aunque si nos fijamos bien seguro que vemos al acompañante en un rincón bien agarrado a su vaso de whisky o apurando los últimos aperitivos, como pensando: “ya que he venido que de mi sacrificio saque algo”. ¡Y vaya si lo saca! Por lo menos una talla más de cinturón.

En tercer lugar están los juntaparejas, o más conocidos como casamenteros –aunque el masculino plural es pura concesión al lenguaje, ya que en estos casos casi siempre son mujeres las que ejercen este antiguo oficio-. Debe existir algún misterio oculto en su psicología que les haga pensar que, por separado, dos personas no llegan a ninguna parte, y que es mejor juntarlas. Aunque sea con Carolina, la pobre sobrinita gorda que no encuentra pareja ni en la China, siendo como es una bellísima persona –y esto sólo se ve de lejos, porque si te acercas mucho desborda su inmensidad tu campo de visión-. Yo creo que juntos es probable que tampoco lleguen muy lejos, excepto con Carolina, ya que el novio en cuestión –y es “en cuestión” porque en estos casos uno siempre se cuestiona qué diantres buscará el novio en esa relación- se alejaría convenientemente para poder apreciar toda la hermosura de Carolina, y es hasta posible que, si es miope, se quite las gafas en un claro afán de encontrarla atractiva de alguna manera, o si ello es posible, de no encontrarla en absoluto. Aunque las chicas como Carolina son, en sí mismas, un rotundo absoluto, y es difícil no dar con ellas.

De ahí que piense que mejor sólo que mal acompañado, y que si uno no encuentra la pareja apropiada, es porque ésta seguramente se encuentra con el hombre o la mujer equivocados y entonces mejor no buscar, no vayan a cometer los dos el mismo error. Sólo concedería a los juntaparejas una opción: que las dos mitades de la naranja, separadas por el cruel destino –o una mala política social-, sean miopes. En estos casos sí es conveniente una ayuda externa –o un cambio de gobierno-.

Aún así yo desconfiaría mucho de las mesas de solteros en las bodas. Demuestran un mal gusto por parte de los anfitriones tremendo. Es como poner un cartel que dice: “aquí cenan los fracasados”; y eso no se le hace a un invitado del que además esperas que pague al menos el cubierto. Y esto sólo si el invitado no es una persona culta y educada, pues una persona así, cuando lee en una tarjetita que ha sido invitado, a lo sumo hace el amago de rechazar la invitación, pero nunca tendrá el mal gusto de pagar la cena. Una invitación es una invitación y no hay que hacerle un feo al anfitrión, porque pagar es como rechazarla. Eso sí, si luego uno siente escrúpulos o es un remilgado puede invitar a su vez al anfitrión a una bolsa de pipas –recordemos que un soltero empedernido no puede contar con devolver la invitación a una boda con otra igual-.

Y si personalizamos aún más la cuestión, creo que el peor sitio donde buscar a una novia es en las bodas. Lo primero porque las novias no se buscan, no se sabe bien cómo, son ellas las que te hallan. Y si uno se despista se encuentra sin saber cómo en el altar diciendo “sí, quiero”, u otras mentiras parecidas. Y luego, desde que se han puesto de moda los tocados en las féminas, ¡qué queréis que os cuente! Me faltan las palabras en este caso, pero me sobran, como casi siempre, los versos:

Buscar novia en una boda
Es una empresa arriesgada:
Si la chica va a la moda
Andará un poco tocada

Soy un claro defensor del pelo suelto en las mujeres. A lo más admito un sombrerito –y sólo para el caso de que la criatura en cuestión tenga algo obsceno que tapar-. Y todo esto porque preveo un año repleto de bodas y tengo que empezar a justificar la ausencia de una acompañante... Besos, saludos y abrazos




3 comentarios:

GKCh dijo...

Hola, Ric:

¡Qué alegría leerte! No sabes cómo lamento que no puedas pasarte por aquí más de cuando en cuando. Un texto muy divertido. Los juntaperejas y las juntaparejas existen y los hay de dos tipos: los exitosos (para los felices ajuntados) y los nefastos (para las parejas que terminan tirándose los trastos a la cara). Ojalá puedas saltarte todas las claves y estar un poquito más cono nosotros, amigo.

Un fuerte abrazo

PS: También yo debo leer más de Belloc, no creas que soy un experto... Y lo del premio puedes aceptarlo o no, sin prisa. Ahí está para cuando quieras recogerlo, si quieres. No, no me enfado porque me mandes al infierno. Aún hay sitios peores. Ciao, amico!

ariovisto dijo...

Gracias por tu visita Rictus.
¿No tienes pareja?
¿Quién te advirtió?¿Naciste con ventaja?

Es broma.

Un cordial saludo.

GKCh dijo...

Hola, Ric.

Muchísimas gracias por tu amable comentario. No sabes cuánto me gustaría que pudieras pasarte más por aquí, pero entiendo tus circunstancias. Eres una persona fenomenal, no cambies. Ya está la segunda entrega de las fichas. Espero que te guste. Cuídate y que todo te vaya muy bien.

Un fuerte abrazo