03 junio 2009

Hola mi amor, ¿soy yo tu droga?

Hola a todos y, especialmente, a todas:

hoy estoy profundamente consternado -para los que no entiendan esta palabra valgan otras como aturdido, abatido, atontado, apocoyado y similares-. Y es que he descubierto que soy un drogadicto. Bueno, más que lo soy, que lo intento, y cualquiera que me conozca sabe que lo intento con ganas aunque no lo consiga del todo. Y es que esta droga que a mí me apasiona es muy huidiza y caprichosa, y tremendamente selectiva -y ya se sabe que yo no supero con cierto éxito ningún proceso selectivo desde selectividad-.

Y es que según la ley andaluza -y todo lo que sea ponerle adjetivos a una ley como andaluza, catalana, valenciana... es empezar a restarle valor- de 9 de julio de 1997 de prevención y atención en materia de drogodependencia: la mujer es una droga. Así, tal como lo afirmo, lo mismito viene en la ley: art. 3.1 Se consideran drogas, a los efectos de la presente ley, aquellas sustancias, naturales o de síntesis, cuyo consumo pueda generar adicción o dependencia, o cambios en la conducta, o alejamiento de la percepción de la realidad, o disminución de la capacidad volitiva así como efectos perjudiciales para la salud.

Vale, a simple vista quizá no quede tan claro, pero si analizamos el precepto paso a paso:

Aquellas sustancias: y en este caso se refiere a la mujer no como objeto, sino como sustancia -material y espiritual-
naturales o de síntesis: sin o con silicona.
cuyo consumo pueda generar adicción o dependencia: a veces no basta con una, y siempre repetimos -o lo intentamos-.
o cambios en la conducta: evidentes sin necesidad de más explicación
o alejamiento de la percepción de la realidad: cuando decimos aquello de "eres la mujer más bonita del mundo", o "no cariño, tú no estás gorda", o "te queda muy bien".
o disminución de la capacidad volitiva: en mi casa yo siempre tengo la última palabra: "lo que tú digas, cariño."
así como efectos perjudiciales para la salud: y es que ¿quién no ha pensado en el suicidio alguna vez, o bebido más de la cuenta, o comido patatas fritas tras un desengaño? Yo por lo menos me he hartado de patatas más de una vez...

Vale, vale, parece que escucho a las mujeres protestar tras leer este post. Sé que todo esto lo mismo se puede aplicar a los hombres, no os enfadeis. De hecho yo mismo estoy esperando a que alguna me diga: eres mi droga... Ásí, en rojo pasión.

Y nada más, besos, saludos, abrazos y ¡snifff!

P.D.: dadme las gracias porque os he abierto el camino de la patata para los desengaños amorosos

4 comentarios:

GKCh dijo...

Jejejeje... Qué bueno, Ric.
Cada día te superas. Hola, mi amor, yo soy tu droga... Es la nueva versión de la vieja canción. Ellas no deben enfadarse, hombre, si es todo un elogio. Ojalá lo digan mucho de nosotros (en rojo pasión, como escribes).
Un fuerte abrazo, genio del humor

Susana dijo...

No creo que ninguna mujer se sienta ofendida por lo que has escrito.
Si eres la droga de alguien y además, tú también estás "enganchado"... ¡qué más se puede pedir!.
Aunque creo que es muy común acabar comiendo patatas fritas.
Un saludo.

Militos dijo...

Me encanta ser una droga para alguien. Y seguro que tú lo eres para unas cuantas. Yo me ofrezco a consumirte de blog a blog.

Si seré inculta que no conocía la existencia de la palabra "apocoyado", me encanta y la utilizaré a menudo.

Para librarte de tu apocoyamiento te he dejado un premio en mi blog que seguro que te gusta.
Un beso Rictus

Rictus Morte dijo...

Gracias a los tres. No creo que ninguna mujer se ofenda yo tampoco, pero estamos en una sociedad en la que es extrañamente fácil ofender a determinadas personas con exceso de dignidad.

Militos, me pasaré a ver ese premio. Por cierto que apocoyado creo que es algo así como atontado, pero en muchos diccionarios no viene esa palabra, así que habrá que ver si realmente existe.

Un abrazo