03 septiembre 2011

Sentencias en verso

Cuando estudiaba en la facultad un magistrado nos trajo una sentencia en un caso de separación redactada en verso. A pesar de lo simpático que nos resultaba era evidente que el dolor de la ruptura de un matrimonio no es para tomárselo en broma, y aunque el juez fuera bienintencionado, estoy seguro de que no les hizo ninguna gracia "a las partes". El juez hizo buenos ripios con los apellidos Sarmiento y Triana de los litigantes:

"Procede acceder a la separación
que imploran tanto el señor Triana,
al que no le da la real gana
de soportar la tensión,
como la señora Sarmiento,
que no sufriendo escarmiento,
tras su primer tropezón,
persiste en el mismo tono,
y aduciendo el abandono,
suplica una solución".

Otra sentencia de divorcio del mismo juez incluía esta rima:

"Recuerde el progenitor:
el yugo es perecedero;
la paternidad sincera,
plena, recta y responsable,
eso sí que no, señor".



Por otro lado, el juez Robert Fitzgerald para condenar a cadena perpetua a David Schoenecker, de 51 años, que había matado a su esposa, escribió lo siguiente.

«No debiste matar de noche
ni debiste matar de día.
Ahora debo sentenciarte
a prisión por toda tu vida.
Mataste a tu dulce esposa,
que tanto amor te tenía.
Ahora te han castigado:
¡era lo que merecías!»


Lo curioso del caso es que el preso le contestó también en verso:

«Cuando yo escribí mis versos,
me encontraba muy enfermo.
Cuando el juez escribió los suyos,
no sufría de mal alguno.»


Por lo demás se me ha planteado en el trabajo que, requiriendo a un interesado por tres veces unos documentos, éste me presentaba lo que quería o lo que le daba la gana. En la respuesta al último de los requerimientos que le hice, el asesor jurídico de una gran y comprometida judicialmente empresa de construcciones hasta parecía que me tomaba el pelo. Y estando en la tesitura de archivar el expediente se me ocurrió que podría requerirle en verso, y esto fue lo que compuse:

Si le requiero una causa
jurídica por demás,
y me responde con pausa
que es mera necesidad;
con pesar yo su expediente
tendríalo que archivar
pues el pelo, así se siente,
me lo quiere usted tomar.

Presénteme usted contratos,
escritura más que menos
con dos buenos garabatos,
que yo regalo vistos buenos
como el que vende zapatos.

Y por menos de un pimiento
damos el consentimiento;
pero aquí hay más tomate
que pimiento, y este vate
no está nada contento.

Se lo enseñé a mi jefa y me dijo que se lo enviara, pero ya en plan de broma. En ese momento se presenta el interesado para entrevistarse conmigo, y cuando estamos los dos hablando de lo que había presentado me pone mi jefa sobre la mesa el requerimiento en verso firmado y sellado y me dice: "¡Dále este requerimiento!

No sé si se hubiera reído o no con los versos, pero yo prudentemente los oculté como pude y por fin me presentaron los papeles reuqeridos. A la cuarta va la vencida.

No hay comentarios: