03 marzo 2012

La increíble y fabulosa historia de "ancas de rana Joe"

(El otro día se me abrió la puerta del ascensor en el trabajo, y no estaba el ascensor. Como me pidieron que contara la historia en múltiples ocasiones, decidí hacerme yo mismo una entrevista)

PERIODISTA: Mr Joe Smith...
JOE: Smith Brown si no le importa.
PERIODISTA: ¿Dos apellidos?
JOE: Sí, es que tengo ascendencia española y por eso son dos apellidos.
PERIODISTA: ¿Y tiene descendencia?
JOE: Mi descendencia es hipotética.
PERIODISTA: ¡Ajá! Entonces está casado con una hipotenusa. Y dígame, ¿sus cuñados son catetos?
JOE: Son hermanos.
PERIODISTA: Cuénteme, ¿por qué se decidió a contar su historia?
JOE: Por la insistencia de la gente. Decían que me había comportado como un superhéroe, y estas cosas, antes de desmentirlas hay que confirmarlas.
PERIODISTA: Entonces, si no he entendido mal los hechos, usted le dio al botón de llamada del ascensor en la novena planta.
JOE: Así es.
PERIODISTA: Y se abrió la puerta.
JOE: Exacto.
PERIODISTA: Y el ascensor no estaba.
JOE: Bueno, había parte de él en la zona superior del hueco.
PERIODISTA: Pero ante usted se abría el vacío.
JOE: Sí, el vacío ominoso de las almas ambulantes y taciturnas.
PERIODISTA: ¿Y no se cayó, eh?
JOE: No, no me caí. Eso es evidente. Tampoco salté, por si le da por preguntármelo.
PERIODISTA: ¿Y qué pensaba en esos momentos?
JOE: En esos momentos uno se halla dividido entre el temor al vacío y el poder de atracción de la gravedad; sí, se piensa, sobre todo, en la física. ¿Será verdad que la cabeza pesa tanto que puede arrastrar al resto del cuerpo? Mi espíritu inquieto y curioso me lleva a querer comprobar tales teorías, y tuve que luchar contra la tentación de la ciencia, que por otra parte niega la existencia del demonio y, por ende, de la tentación. Así que estaba hecho un lío. Mi cabeza daba vueltas pensando en todas estas cosas y la abertura del ascensor estaba más y más cerca.
PERIODISTA: ¿Qué pasó por su cabeza en esa micronésima de segundo que separa la vida de la muerte?
JOE: En esa micronésima de segundo pasó una mosca. En realidad era una mosquita muerta, pero esas son las peores, así que por si acaso la rematé.
PERIODISTA: ¿Y por dentro de la cabeza?
JOE: Ideas, reflejos, sentimientos, impulsos. ¡La cantidad de cosas que somos capaces de traer a la mente en tan breve espacio de tiempo! Pensé en alejarme, luego en asomarme, luego en la teoría de la generación espontánea. Hasta creo que proyecté un libro de autoayuda en mi cabeza: "el soltero y la fregona".
PERIODISTA: ¿Lo va a publicar?
JOE: Bueno, como no me he muerto, creo que no. Además, al final del libro se descubre que la fregona no es una fregona al uso: es una chica de la limpieza. Acaba siendo una historia tórrida de amor, celos y pulcritud.
PERIODISTA: ¿Y lo de autoayuda?
JOE: Esperaba que me ayudase, contaba con vender cien mil ejemplares.
PERIODISTA: Me he quedado con las ganas de leer ese libro, pintaba bien. Yo también soy soltero
JOE: Pues me niego a ayudarle en sus tareas domésticas, amigo; tendrá que aprender de otro cómo coger a la fregona. ¿Es usted argentino?
PERIODISTA: No, ¿por qué?
JOE: Por nada, por nada.
PERIODISTA: Se podría decir que ha vuelto a nacer.
JOE: No diría yo eso.
PERIODISTA: Pero al menos está tan calvo como un recién nacido.
JOE: ¿Sabe? Le podría abrir la cabeza y luego alegar estrés postraumático. Escribirlo en un libro y hacerme de oro de verdad.
PERIODISTA: Si vamos a medias, yo le dejo el mango de la fregona para que lo haga.
JOE: Está usted enfermo, ¿una fregona con mango? ¿Qué es lo que tiene, una tenia que le devora las neuronas, o una solitaria le corroe el pene?
PERIODISTA: Bien, bien, sigamos con la entrevista que se nos va de las manos, y las manos se nos van también. Al menos es usted funcionario, un trabajo para toda la vida... ¿Cuánto tiene previsto que dure?
JOE: ¿EL trabajo?
PERIODISTA: O la vida.
JOE: Lo mismo que el trabajo.
PERIODISTA: ¿Así que pretende morir trabajando?
JOE: Tampoco es que me mate haciéndolo.
PERIODISTA: Ya entiendo, una paradoja. ¿Y qué opina de eso que dicen de que los funcionarios son unos vagos?
JOE: Lo mismo que opino de lo que dicen de los periodistas, que son imbéciles.
PERIODISTA: Entonces, admite que los funcionarios son unos vagos.
JOE: Es usted periodista, ¿no?
PERIODISTA: Sí.
JOE: Pues es un imbécil.
PERIODISTA: Pero soy la excepción que confirma la regla.
JOE: La regla no tiene excepciones. Es usted un imbécil sin excepción.
PERIODISTA: Entonces usted es un vago.
JOE: Las palabras de un imbécil no tienen credibilidad alguna... Las de un tonto sí. ¿Es también tonto por casualidad?
PERIODISTA: Ya veo, otra paradoja.
JOE: ¡Ostras! También es tonto.
PERIODISTA: ¿Y qué opina de que le llamen "Ancas de rana Joe"?
JOE: Que hubiera preferido "Rabo de toro Smith".
PERIODISTA: ¿Por qué ancas de rana?
JOE: Por mi capacidad de salto.
PERIODISTA: Pero salto hacia atrás.
JOE: Sí, hacia atrás. A veces es bueno recular.
PERIODISTA: ¿Hablamos de la marcha atrás?
JOE: ...
PERIODISTA: Bueno, vamos a poner fin a esta entrevista porque en realidad lo que pasó es que se abrió la puerta del ascensor y, no habiendo ascensor, usted no saltó.
JOE: Ni más ni menos, una nimiedad. Aunque un periodista como usted hubiera saltado.
PERIODISTA: Sin dudarlo. Mis tendencias suicidas son conocidas por mi psiquiatra.