13 abril 2012

Un maxmordón robaperas

Hola a todos, animadas criaturas de barro,

si alguna vez el noble ejercicio de la caridad os lleva a tener que decirle a alguien lo tonto que es, podéis usar las palabras que nos dejó don Jaime Campmany en el romance dedicado al Bellotari.

"(...)sobre todo cuando había
que llamar a alguien tontarra:
«Ese señor me parece
más bien un cantamañas,
un maxmordón robaperas,
un tiracantos, un maula,
un adufe, un badulaque,
un bausán, un majagranzas,
mamacallos, mameluco,
marmolillo y media espada.
Bravo bonete sería
si vistiera de sotana,
o quizá zampabodigos,
zangandongo o calabaza;
si vegetal, alcornoque;
si músico, soplagaitas;
si cuadrúpedo, asnejón,
y si pájaro, avutarda,
soplapitos, gilimursi,
gilipollas, giliflautas.(...)"


Dejando al margen, claro está, que yo siempre he querido ser un soplagaitas escocés, con espada al cinto y falda al viento, a mí me ha servido en varias ocasiones. Porque las cosas que hay que decir, hay que decirlas con profundidad, ahondando. Y para no herir mucho los sentimientos, no es lo mismo decirle a un hijo: "¡Pero qué tonto eres hijo mío!", que decirle: "Mi querido asno".

Un claro ejemplo de la utilidad del romance es el sucedido de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, que todos los santos le amparen. Para los que no conozcáis el caso, el chaval, más Borbón que Marichalar, pero tonto por ambas ramas, se ha disparado en un pie. Al parecer estaba al cuidado del padre, lo que le resta méritos al nene, pero aún así ¿cómo reprocharle la estupidez que acaba de realizar sin herir sus sentimientos?

La mamá Infanta, antes de leerse el poema, diría algo así: "¡Hijo mío, gracias a Dios que estás bien! ¡Qué susto nos has dado! Pero, ¿cómo se puede ser tan tonto? Desde luego, has salido a tu padre. ¿Y qué diablos hacías con una escopeta? Si es que..." Después de leerse el romance, le aleccionaría seguramente de forma más alegre: "Cariño mío, la próxima vez le disparas a tu padre en la cabeza y así habrá un gilimursi menos."

El papá, don Jaime, reflexionaría de este modo: "¡Tonto, más que tonto! ¿Y ahora qué le digo yo a tu abuelo?". Mas, después de leer el romance, le diría: "Desde luego, eres Borbón por los cuatro costados. ¡Como tu abuelo! Él no se disparó en un pie, pero sí disparó a su hermano. Fíjate lo calabaza que fue que encima su hermano era más pequeño. Si la próxima vez le disparas a las cursis de tus primas, podrás llegar a ser Froilán I, el Cojo, y de Todos los Santos".

En fin, está claro que a la Monarquía le van sobrando parientes, y está claro que todo Borbón que se precie tiene un tiro dado.

Besos, saludos y abrazos, y guardaos de las armas, que las carga un Marichalar...